A partir del triunfo electoral del binomio conformado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner es de esperar un abrupto desplazamiento del eje que rige las relaciones internacionales de la Argentina.

A partir del triunfo electoral del binomio conformado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner es de esperar un abrupto desplazamiento del eje que rige las relaciones internacionales de la Argentina.
En ese sentido, los indicios lanzados por el nuevo poder político, horas después de haber sido confirmado el resultado electoral, son contundentes.
Lo primero que hizo Cristina Fernández de Kirchner, desde el escenario del bunker ubicado en el barrio porteño de Chacarita, fue reconocer a Evo Morales como presidente reelecto de Bolivia para un cuarto mandato, algo que hasta el momento no hizo el gobierno de Mauricio Macri.
“Desde acá felicitamos a Evo Morales, de nuevo Presidente de Bolivia”, dijo la electa vicepresidenta de la nación. Y en la misma línea, fijó posición sobre los conflictos que presentan otros países de la región, como Chile y Ecuador.
“Esto que pasó aquí en la Argentina, lo que vemos que sucedió en la hermana república de Chile y lo que paso hace poco tiempo en Ecuador, nos tiene que abrir la cabeza a los dirigentes políticos, sociales y empresarios, sobre la inviabilidad de modelos políticos basados en el ajuste permanente”, expresó.
Es sabido que para Cristina y para el “cristinismo”, el actual mandatario chileno, Sebastián Piñera, es ni más ni menos que el rostro trasandino de su amigo Mauricio Macri.
De la misma manera que es vox populi que el kirchnerismo mantuvo y mantiene una estrecha relación de afecto con el ex jefe de estado ecuatoriano, Rafael Correa, quien a su vez se encuentra directamente ligado a los reclamos de la oposición en su país.
En la misma línea que su vicepresidenta electa, Alberto Fernández se lanzó el domingo por la noche a realizar un fuerte llamamiento en favor del ex presidente brasileño Inacio Lula Da Silva, cuya detención es revisada por la justicia en estos días.
“Lula es un hombre injustamente preso y por quien seguiremos pidiendo la libertad”, dijo Alberto. ¡Lula libre!, reafirmó enérgicamente.
No pasa desapercibido la amistad del kirchnerismo con Lula fue fundada por Néstor Kirchner, durante la convulsionada cumbre de Mar del Plata, en 2005, cuando ambos se unieron a Hugo Chávez para ponerle freno al ALCA, que era promovido por George W. Bush.
Por este motivo, entre algunos otros, es previsible que la militancia por la libertad de Lula, a nivel internacional, sea una causa de militancia irrenunciable para la nueva administración.
Y esta circunstancia cobra una especial importancia debido a que de la relación con el gobierno de Brasil dependerá el futuro del Mercosur y el acuerdo de este bloque con la Unión Europea.
Mientras tanto, la agencia Bloomberg, en base a una fuente que no identificó, afirmó que Alberto Fernández se dispone a viajar a México la semana que viene, en su primer viaje al extranjero como presidente electo, para reunirse con Andrés Manuel López Obrador.
“Esto indica su interés en alinearse con líderes izquierdistas de ideas a fines en América Latina”, analiza Bloomberg.
Lo que a todas vistas parece claro es que la futura cancillería, cuya titularidad se encuentra aún vacante, marcará una línea de alianzas lejos de Donald Trump y Jair Bolsonaro y mas cercana a los viejos amigos del kichnerismo. Un cambio de época que no tiene marcha atrás.