Noto que hay una cierta desesperanza porque todo da lo mismo en la Argentina. Hoy se inicia un juicio muy importante y sobre esto me quiero detener, ya que está teñido de una discusión política y no jurídica.

Noto que hay una cierta desesperanza porque todo da lo mismo en la Argentina. Hoy se inicia un juicio muy importante y sobre esto me quiero detener, ya que está teñido de una discusión política y no jurídica.
¿Cuál es discusión política? Si sos kirchnerista decís que el juicio de Vialidad Nacional es una persecución; si sos del PRO, Cristina ya está condenada y debe ir presa con pito y cadena. Hay una posibilidad de discutirlo distinto.
Tomo dos miradas. Una es la de Alberto Fernández, que dijo: “Si somos gobierno vamos a tener que revisar muchas de las sentencias”. Y quiero separar especialmente este comentario de lo que dijo Dady Brieva, quien palabras más palabras menos pidió que si asume el kirchnerismo “se libere a los presos políticos”.
No puedo darle el mismo peso a ambas declaraciones. Las responsabilidades son distintas. Si mañana hablamos de teatro, la opinión de Dady es definitiva, no la de Alberto Fernández, que a lo sumo es espectador.
Brieva es un espectador calificado de la política, pero no asume ninguna responsabilidad. Es más fácil para los periodistas pegarle a un tipo de la popularidad de Dady que hablar en serio de la cuestión.
Me preocupa seriamente que Alberto Fernández haya dicho esto. Obviamente hay modos institucionales de revisar las sentencias de los jueces: instancias de apelación, la Corte Suprema o el juicio político.
Las sentencias que hoy agravian a Fernández son las sentencias de los jueces que fueron nombrados o sostenidos por Néstor Kirchner. Nunca escuché a Alberto Fernández decir, en función de la jefatura de Gabinete, ‘Bonadio es un juez trucho’. Es más, lo bancaron.
Reitero lo que dije en este espacio: el nivel de politización de la Justicia y el criterio de arbitrariedad basado en el calendario electoral es fenomenal. Ahora bien, no se trata de llegar y cambiar los jueces que no me gustan como sentencian. Porque hasta hace quince minutos pensaban lo contrario.
Es una temeridad poner en igualdad de condiciones a un candidato a presidente y a un cómico, y creer que desde ahí podemos hacer política. Eso es pirotecnia para la tribuna. Creo que no cambiará la cuestión económica de este país si no se modifica la cuestión de impunidad, situación que en una República, imperfecta o incorrecta, se da a través de los jueces.
La causa de Vialidad queda enmarañada en esta grieta infame: si sos cristinista, todos los juicios son una mentira; si sos macrista, todos los juicios merecen la silla eléctrica. Voy a permitirme argumentar, y permítanme el anacronismo.
Este juicio va a tener una primera etapa que es saber de qué se los imputa a los acusados. Para que se entienda:
¿Qué tiene que ver CFK? Cristina se ampara diciendo: “Yo mandé el presupuesto al Congreso y me lo aprobaron”. Pero el detalle importante es que modificaron todo en las licitaciones: los montos, en a quién contrataban, cómo se hacía la licitación, en los plazos y en la entrega.
Eso se está juzgando. No sé si Cristina es beata o merece la silla eléctrica si nos instalamos en la grieta absurda que invade la discusión. Quedan dos opciones: no hacemos nada porque tenemos la percepción -y en algunos casos la fundamentación- de que son todos chorros o arrancamos de una vez.
Siempre en la historia hubo un hecho como puntapié inicial: en el caso del “Mani Pulite” de Italia, con el juez Antonio Di Pietro a la cabeza, arrancó con una causa y después por otra y otra más.
Si no arrancamos de una vez, nos quedamos pegándole a Dady Brieva porque rinde más en el rating. Y hagamos como que nos golpeamos el pecho por todo esto, cuando en realidad nos importa muy poco que un señor que fundó una empresa con $12 mil pesos se quedó con la fortuna más maravillosa de la historia con la obra pública. Son dos opciones, vos verás cuál tomás.