La reacción de lo que llamamos “mercados” parece milagrosa. Los lazos massistas con el establishment local e internacional son conocidos, aunque no lo eran hasta estos días los resultados concretos a partir de su sola confirmación en el nuevo cargo XXL que se le está asignando. Dólar, bonos y riesgo país estarían acompañando un pretendido proceso de “pacificación”. Está por verse si desembocará en tiempos de confianza y planificación.
¿Se trata de un “giro a la derecha”? No necesariamente. O depende de lo que se entienda por semejante entelequia. Massa puede ser asociado tanto al menem-cavallismo de los 90 como al duhalde-kirchner-lavagnismo de los inicios de este siglo. Ambos procesos requirieron centralización del mando económico, shock antinflacionario, sujeción del dólar y, sobre todo, un amplio pero firme respaldo parlamentario.
Para marcar una diferencia con aquellos procesos -que podría ser muy auspiciosa, pero quién sabe-, ambos vinieron después de crisis institucionales y rupturas del ritmo constitucional, en medio de estallidos sociales y la economía clínicamente muerta. Hoy, si bien esos peligros están latentes, la propia economía quiere mostrar signos de recuperación post pandemia. Y hay un sistema político vigente, lo cual, pese a cualquier crítica justificada o extrema, funciona como dique de contención a distintos niveles de desbordes.
Cuidado con la metáfora de Churchill. Implica “sangre, sudor y lágrimas” y puede desembocar en triunfos importantes, aunque no necesariamente electorales. Suele ser muy ingrata la puerta de la historia, pero mucho peor es la intrascendencia.