La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) deberá recopilar los resultados clínicos derivados del uso de estas terapias. Este mecanismo busca informar a futuros pacientes y aportar datos relevantes para una eventual aprobación en el país.
Otro aspecto del proyecto es la eximición de responsabilidad para los profesionales y laboratorios que participen en la administración de estos tratamientos. Asimismo, se garantiza el derecho a la objeción de conciencia para quienes decidan no intervenir.
"El régimen no pretende reemplazar el sistema de aprobación sanitaria vigente, sino cubrir un vacío normativo que afecta a pacientes sin opciones terapéuticas", explicó el legislador. Sánchez Wrba destacó que la medida permitirá evitar los costos y dificultades que implica el traslado al exterior en busca de tratamientos.
Los alcances del proyecto
El proyecto fue acompañado por la firma del presidente del bloque del PRO y varios legisladores más. Según sus impulsores, la iniciativa busca alinear a la Argentina con una tendencia global que reconoce el derecho de los pacientes a explorar alternativas en situaciones críticas.
El texto no modifica el marco regulatorio sanitario general, sino que introduce una excepción controlada para casos en los que no existen otras opciones. La regulación se centra en proteger la autonomía del paciente, sin desarticular los controles vigentes para el resto de la población.
En Estados Unidos, leyes similares han sido adoptadas por más de 40 estados. El proyecto argentino se plantea en línea con ese antecedente, pero adaptado a la realidad normativa local.
La discusión parlamentaria podrá determinar el alcance definitivo de una propuesta que apunta a habilitar nuevas vías terapéuticas en contextos de urgencia médica.