La voluntad de una facción de un grupo político intenta terminar con el sistema electoral que ellos mismos crearon; quieren hacerlo sin el consenso de la mayoría opositora, para forzar un cambio que presuntamente, creen, los beneficios a ellos.

Juntos por el Cambio rechaza los cambios en el sistema electoral (Foto: archivo).
La voluntad de una facción de un grupo político intenta terminar con el sistema electoral que ellos mismos crearon; quieren hacerlo sin el consenso de la mayoría opositora, para forzar un cambio que presuntamente, creen, los beneficios a ellos.
Un sector del Frente de Todos quiere cambiar el sistema electoral de las PASO, simplemente por una cuestión táctica a ocho meses del cierre de listas. El único objetivo de la maniobra es ordenar su propia interna y perjudicar a Juntos por el Cambio, que podría quedar al límite de la fractura.
Creen que eso los beneficia. No está escrito en absolutamente ningún manual de ciencia política que el peronismo se vaya a ver perjudicado con una elección interna. Si van a internas, podrían sumar votos de distintas líneas del FdT, crear nuevos líderazgos y renovar el espacio.
El problema es que un sistema de PASO bien usado podría cuestionar el liderazgo absoluto de Cristina Kirchner, gobernadores e intendentes. Horacio Rodríguez Larreta, Martín Lousteau, Carolina Losada, Facundo Manes, son algunos dirigentes que crecieron por haber hecho una buena elección interna. Sin este sistema, hoy no existirían.
Quizás otra hubiera sido la historia si Cristina le hubiera aceptado la PASO a Randazzo en 2017: probablemente el peronismo hubiera ganado aquella elección. Por eso, los sectores minoritarios del Frente de Todos insisten en mantener el sistema.
El kirchnerismo dice que “la sociedad ya le dijo que no” a Alberto Fernández. Y por eso dicen que no debería competir en 2023. Lo planteó en una entrevista radial María Teresa García, jefa de bloque de senadores bonaerenses del FdT y una dirigente que habla por Cristina.
Algo completamente incomprobable, más allá de la mala imagen del presidente. En el peor de los casos a lo que le dijo que “no” la sociedad (en 2021) es a la forma de gobierno del Frente de Todos, una coalición política que creció sin un programa claro y con una divergencia en las funciones de sus líderes. Un proyecto qué es una masa amorfa que no sabe y nunca supo hacia dónde va. “En el peronismo necesitan que alguien escriba el libro ‘para qué’”, ironiza un importante consultor político.
En Juntos por el Cambio provocó un importante revuelo el proyecto que se presentó en Diputados para eliminar las PASO. Una cosa es una charla intelectual y otra muy distinta que haya algo concreto que discutir.
Saben que si los diputados oficialistas se alinean (hoy los de Alberto y movimientos sociales se oponen), después quedan a merced de Javier Milei y su gente. Que claramente son impredecibles, como demostraron en la sesión del Presupuesto. Con PASO, JxC tiene la victoria casi asegurada, creen. Sin PASO, el futuro es incierto.
Un documento elaborado por un importante funcionario de Juntos por el Cambio en la Ciudad advierte los riesgos del cambio que se propone. El autor de este documento, en etapa de borrador y al que tuvo acceso exclusivo A24.com, es Hernán Charosky, ex Subsecretario de Reforma Política de Buenos Aires. Fue el responsable político de crear el primer Código Electoral de la Ciudad de Buenos Aires y hoy sigue trabajando en el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta.
El documento -que, aclara, lo diseñó a título personal- detalla las contradicciones del proyecto oficial:
Por último el documento detalla que en las últimas elecciones más del 25% de las listas presentadas en el país tuvieron competencia interna: “Las PASO sirven para dirimir competencias electorales con la garantía de la institucionalidad electoral para el manejo del padrón, la logística, el escrutinio y la resolución de conflictos. La cantidad de elecciones primarias competitivas en las útlimas elecciones fue relevante”, concluye.
Alberto Fernández tiene un doble poder de veto para bloquear la idea de eliminar las PASO.
Los aliados del oficialismo -que son los que presentaron el proyecto en cuestión- aclararon que el tema se tiene que tratar ahora, porque a partir de diciembre ya se pega mucho en el cronograma electoral.
Tanto Alberto Fernández como Sergio Massa necesitan cerrar el Congreso después de la votación por el Presupuesto. Quizás pueden meter algún temita menor y consensuado. Pero con este mapa político, cualquier sesión puede terminar en un momento desagradable que les destruya el programa de gobierno. Mucho fuego amigo y enemigo.
El debate por el Presupuesto dejó a Massa como ganador. En nada cambia que la oposición haya volteado el artículo que obligaba a jueces y empleados judiciales a pagar Ganancias.
Se metió un proyecto para que la oposición genere ruido en su público, y que gane una votación. No queda claro si fue a propósito o se dio así. Pero la jugada salió bien. La oposición ganó en un tema menor, los medios titulamos que hubo un triunfo opositor y el Gobierno tiene su Prespuesto, que le va a permitir gestionar en el último año de mandato sin sobresaltos.
El debate giró en buena medida en torno a las ganancias de los jueces. Poco se habló del recorte fenomenal que se va a dar en todas las áreas. Recorte probablemente necesario, aunque para el gobierno sería un costo político demasiado grande explicitarlo. El bloque de izquierda denuncia que es el presupuesto más bajo de la historia en términos de PBI, con apenas el 17% de gasto público.
La oposición también necesitaba el Presupuesto. No vaya a ser que en año electoral le retaceen partidas presupuestarias en los distritos que maneja. Pero tenía que hacerlo de una manera prolija para que no se notara tanto. Por eso pelearon hasta el final algunos temas. Como el impuesto a las Ganancias a los jueces o la suba de retenciones que lograron sacar del menú; el oficialismo lo retiró cuando vio que no tenía los votos.
Aunque la oposición sabe que eso era necesario. De hecho, en el medio de las negociaciones, Luciano Laspina, referente económico del PRO, pidió una modificación para bajar levemente algunas retenciones, pero prorrogarlas por 5 años. Pícaro, con eso se garantizaba un paquete de plata para el próximo gobierno sin pagar el costo político. Se lo rechazaron.
Hablando de jugadas, todas las miradas apuntaron a Javier Milei por la votación de la la nueva tasa de seguridad aeroportuaria de $250 para los viajes en avión. La oposición se negaba a crear ese impuesto, pero perdió por 123 a 122; un votito. Los votos que faltaron -en principio- fueron los del bloque de Javier Milei, que dio una respuesta insólita: “Si no voto el proyecto en general, no tengo que participar del debate en particular del artículo por artículo porque esas son las negociaciones de la casta”. Con esa explicación se fue de la sesión junto con sus compañeras de bancada.
Esto dejó varias lecciones:
El Frente de Todos no es una coalición, sino un intento de unificar al peronismo sin una conducción nítida.
Faltan 8 meses para el cierre de listas. Este intento de modificar el sistema pone en el ojo de la tormenta a toda la dirigencia política, y no solamente Al oficialismo. Así lo analizó el diputado Leandro Santoro. “No es conveniente este debate”. La sociedad tiene sus propios problemas, y ve a la política discutiendo solo sus propios intereses.
Wado de Pedro, el moderado, cometió un duro error. Planteó que el Poder Ejecutivo es unipersonal en la Argentina y que por lo tanto es Alberto Fernández el que tiene que tomar la decisión de qué hacer con las PASO.
De Pedro otra vez confunde Gobierno, Estado y partidos políticos. El diseño del sistema electoral es una decisión del Congreso, en acuerdo -preferentemente- con la mayoría de los partidos políticos. De hecho, se necesita una mayoría especial para cambiar el sistema. El Frente de Todos quiere cambiarlo solo. Un concepto cíclope de democracia.
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