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Gestos, silencios y miradas esquivas: lo que no se vio de la asunción de Alberto como presidente de la Nación

por Pablo Winokur | 10 de diciembre de 2019 - 14:36
Gestos, silencios y miradas esquivas: lo que no se vio de la asunción de Alberto como presidente de la Nación

La política son gestos. Alberto aplaudió a Macri. Le dio un abrazo fuerte. No fue un abrazo de compromiso, o al menos eso actuó. Hubo algún chiflido al expresidente en las tribunas. Alberto y (fundamentalmente Massa) intentaron contener y pidieron (con gestos) que hagan silencio.

El saludo de Macri con Cristina fue distinto. Ella le dio la mano como una formalidad, no fijó la mirada y se separó rápidamente de él. No quería quedar pegada con eso.

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La militancia cantó la marcha. Del lado de la oposición pusieron una bandera argentina que le agradecía a Macri.

Terminó el pase del bastón y la banda, y Alberto se paró en el centro. A escuchar cómo lo aplaudía la gente, su gente. Cantaron la marcha; cantaron “Alberto Presidente”. Sintíendose afuera, Cristina se ubicó rápidamente en el centro.

Alberto empezó su discurso hablando de Alfonsín, del 10 de diciembre y de que el radical “abrió la puerta a la pluralidad de ideas”. Más tarde cerraría su discurso hablando de “Néstor” y las “pujas distributivas”. Conflicto y consenso en los dos expresidentes mencionados en el discurso.

Nota el pie: por primera vez en democracia todos los expresidentes vivos estuvieron en un mismo recinto: Menem, Rodríguez Saá, Duhalde, Cristina y Macri. Alberto lo hizo.

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Alberto en todo momento insistió en que venía a cerrar la grieta. “Vengo a convocar a la unidad de toda la Argentina en un nuevo contrato social fraterno y solidario”, dijo.

  • “Las debilidades de la democracia solo se resuelven con más democracia”. Aplausos.
  • “Este es el espíritu del tiempo que hoy inauguramos”.
  • “Quiero convocar a una argentina unida”.
  • “Hay grandes muros que tenemos que superar. Superar el muro del rencor y odio”.

El discurso recibía, como es lógico, muchos aplausos del oficialismo.

“Apostar a la grieta es empujar a que las heridas sigan sangrando. No cuenten conmigo para transitar el camino de desencuentro”, insistió Alberto. Un tibio aplauso llegó desde el ala izquierda del recinto (donde se sienta la oposición). Era el diputado Buryaile, exministro de agroindustria. Aplaudía solo. Después se agregó el resto de la oposición.

Durante todo el discurso siempre fueron aplausos aislados de ese lado del recinto. El que más batía palmas era Humberto Schiavoni, extitular del PRO. Solo dos temas generaron unanimidad de criterio: la política por Malvinas y la política de género.

En todo momento insistía Alberto en los grandes acuerdos.

  • “Estaremos convocando a todos para acuerdos básicos para encender motores de economía”
  • “No hay lugar para dogmas mágicos”
  • “Vamos a unir a la mesa familiar y para que las diferencias se puedan conversarse en paz”.
  • “Quiero ser el presidente del diálogo”

Aunque algunos silencios o comentarios por lo bajo pueden prever que no todo será armonía en este gobierno de diálogo.

En primer lugar, cuando repasó “la herencia” no fue contemplativo con el gobierno de Macri al que no mencionó en todo el discurso; quizás fue un gesto hacia él.

  • Fue categórico al hablar de la Justicia y la supuesta persecución a líderes políticos opositores
  • Le pidió a la gente que si incumple sus promesas “salgan a la calle a recordarme”. Difícil satisfacer a todos.
  • Solo una vez mencionó a Cristina. ¿Habrá sido suficiente para ella y su gente?

Sobre el final, usó una expresión que suele usar la expresidenta. “Todos y todas debemos despojarnos del rencor que tenemos”. ¿Habrá sido un mensaje para Cristina?

Si algo sigue quedando claro es que el Presidente Alberto Fernández, desde hoy, tendrá que hacer equilibrio si quiere cumplir su promesa de cerrar la grieta.

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