Por un lado, vamos a darle un impulso directo a la construcción, y, por otro, apoyar a las familias que sacaron o van a sacar un crédito hipotecario. Hoy, en promedio, una familia que alquila paga menos Impuesto a las Ganancias que aquellas que están pagando la cuota de un crédito. Con este proyecto queremos igualar esta situación y que todos los que pagan la cuota de un crédito mes a mes, puedan deducir una mayor parte de los intereses hipotecarios de ganancias. Así, estamos fomentando la oferta y la demanda en un círculo virtuoso de desarrollo y crecimiento porque cada persona o empresa que invierte, por ejemplo, en un desarrollo inmobiliario está apostando a la Argentina. Es una manera de multiplicar las oportunidades de trabajo genuino para los argentinos y de facilitar que cada vez más familias tengan la oportunidad de abrir la puerta de una casa que sea suya para siempre.
Así crece un país. Con diálogo, escuchándonos, aportando cada uno su parte. Nunca más puede ser el Estado una traba, un obstáculo contra quien viene a traer más trabajo, más desarrollo y más crecimiento.
Cambiamos, y elegimos buscar consensos, remover trabas, simplificar lo que se puede simplificar y concentrarnos en todo lo que podemos mejorar, que es mucho. Nunca pasó que los argentinos decidiéramos cambiar lo que está mal de raíz como lo estamos haciendo ahora.
Nunca pasó que decidiéramos mirar la verdad de frente y nos hiciéramos cargo de solucionarla, sin parches ni recetas de corto plazo.
Nunca pasó. Hasta hace 3 años y medio.
Y tuvimos que abocarnos a hacer lo básico. Mucho de eso, como sucede en una obra en construcción, no se ve pero es la estructura que sostiene todo lo demás.
Y no es lo que vinimos a hacer. Es lo que tuvimos que hacer al encontrarnos con un edificio abandonado, con paredes sin terminar, sin instalación de cloacas, con caños oxidados, proveedores truchos, materiales con sobreprecios.
Habría sido más fácil si hubiéramos recibido una Argentina con cimientos sólidos, lista para la siguiente etapa. Pero lo cierto es que esos cimientos faltaban. Y los argentinos tuvimos que hacernos cargo, tuvimos que comprometernos por una vez a hacerlo en serio, de corazón.
Todo cambio de raíz, no se hace sin sobresaltos ni retrocesos. Se hacen con convicción, con trabajo, reconociendo las dificultades y superándolas juntos. Y, por sobre todas las cosas, con la certeza de que aunque lleve tiempo y aunque cueste, es el único camino que nos va a llevar a ponernos de pie y a alcanzar ese futuro que sé que todos queremos.