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La Argentina de Macri avanza hacia un silencioso (pero efectivo) acuerdo de gobernabilidad

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
La Argentina de Macri avanza hacia un silencioso (pero efectivo) acuerdo de gobernabilidad

No es el acuerdo político con el que sueña el "círculo rojo". No hay señores con saco y corbata que discuten sobre el futuro del país y se sacan una foto para mostrar unidad. No es un acuerdo que vaya a terminar con una firma de nada. Es un acuerdo a lo argentino, por lo bajo, en las sombras… y con mucho ruido en la superficie como para que el pacto no se note.

Este pacto tiene varias dimensiones: acuerdo con los gobernadores, el lanzamiento formal y con foto del peronismo no K para intentar mostrar alternativas "racionales" de cara al mundo, un pacto de no agresión en el Congreso y las garantías de aprobación del Presupuesto. La letra chica del acuerdo habla de llegar a la cumbre del G20 con cierta calma y transitar un diciembre en paz. Eso quieren tanto el Gobierno como el peronismo.

Este pacto político implícito tiene su dimensión institucional y se terminó de cristalizar a partir de dos hechos que tienen a un mismo protagonista: Juan Manzur, gobernador de Tucumán.

La liga de los gobernadores del PJ venía teniendo dos polos bien marcados. Uno más dialoguista, encabezado por el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, y seguido por el cordobés Juan Schiaretti. Ellos dos apuestan su futuro político a mostrarse como dadores de gobernabilidad.

Había un segundo polo rupturista de gobernadores que tenía a Alberto Rodríguez Saá (San Luis), Carlos Verna (La Pampa) y Gildo Insfran (Formosa).

En el medio, un grupo liderado por Manzur venía coordinando reuniones en el CFI para intentar plantarse desde otro lugar frente al Gobierno. Parecía que ese grupo de gobernadores se endurecía en parte jaqueados por el peso del kirchnerismo en sus provincias.

Pero la última semana algo cambió y el pacto empezó a cristalizarse. Manzur, a través de su diputado Pablo Yedlin, negoció con el Gobierno compensaciones para el polémico decreto que eliminaba el fondo sojero.

Pablo Kosiner, hombre de Urtubey en Diputados, terminó de destrabar la negociación. Con eso se cayó, para indignación del massismo y el FpV, la sesión especial para derogar el decreto de Macri y se allanó el camino para debatir el Prespuesto.

El segundo movimiento fue el anuncio de que se reflotaba la foto que estaban preparando los cuatro referentes del “peronismo racional”: Massa, Urtubey, Schiaretti y Pichetto. A esa foto, trascendió, se sumaría el tucumano Juan Manzur.

Ese acto que estaba planificado para el miércoles pasado, fue suspendido por la trágica muerte de José Manuel de la Sota, que también era un referente de ese espacio.

Las agendas de los 4 no volverían a coincidir hasta el 6 de octubre. En parte por algunos viajes. En parte para separarlo del paro general. La noticia de que el gobernador de Tucumán se sumaría no fue del todo confirmada por nadie, ni siquiera por el propio Manzur. ¿Fue el Gobierno el que lo difundió? Como sea, esta foto es parte del acuerdo silencioso.

Esta foto no es solamente la presentación de un espacio electoral. Es un mensaje a todo el peronismo, al que le muestra que hay alternativa a Cristina Kirchner. Pero es también un mensaje al Fondo, al mundo y  al “círculo rojo”.

Este mensaje le sirve a la economía (y fundamentalmente al Gobierno) porque sería la demostración de que existe un camino “racional” alternativo a Cambiemos. Y eso ayuda a mejorar las expectativas.

El pacto en el Congreso

Llamó la atención la moderación en los discursos en el debate del Presupuesto en Comisión. Otra cristalización de los acuerdos.

En el massismo Marco Lavagna y Graciela Camaño (aún con su tono siempre chicanero) fueron muy respetuosos.La economía no arranca. Mi pregunta es por dónde ven que arranca”, increpó Lavagna. “La economía por este lado no sale. En 2022 vamos a recuperar el PBI per cápita de 2015. Este no es el camino. Este camino no está funcionando y hay que cambiarlo”, insistió.

Las presentaciones del Frente Renovador omitieron otras palabras más resonantes como “estafa”, “saqueo” o “corrupción”. Las críticas se limitaron al rumbo.

El siempre prolijo Diego Bossio hizo una crítica de manual: “ Este presupuesto garantiza el pago de servicios de la deuda. Esto no cambia el rumbo de la argentina ”, aclaró. Otra vez, crítica superflua.

Más allá de cómo vote individualmente, el bloque de Bossio le va a dar al gobierno los votos necesarios para tener su presupuesto. 135 sería el número mágico. Ni más (para mantener la independencia), ni menos (para garantizar gobernabilidad). Para aprobarlo hacen falta 129.

Hoy, hasta al kirchnerismo le conviene que se apruebe el Presupuesto, aunque no lo van a votar. A suerte o verdad. Están convencidos de que el modelo no cierra por ningún lado. Y que en cuanto la economía termine de estallar, podrán volver al poder. 

Tanto el peronismo como el kirchnerimo quieren (y necesitan) que el Gobierno termine su mandato en tiempo y forma.

Hasta hace unos días el llamado peronismo racional evaluaba tres escenarios posibles: que se respete el cronograma electoral; que se adelanten las elecciones a diciembre de este año o que Macri no pueda concluir su mandato. Por primera vez desde la última corrida creen que el escenario uno es posible.

El pacto en el Congreso se terminó de cerrar el viernes, cuando Rogelio Frigerio fue a visitar al Senado a Miguel Pichetto, que tiene la llave para la aprobación del Presupuesto. El peronismo va a criticar al Gobierno pero está dispuesto a avanzar en la sanción del Presupuesto. 

"El acuerdo existe, pero que nadie se confunda. Es transitorio porque el peronismo está en plena ebullición", reconoció una fuente que conoce el paño.

Los límites del acuerdo

Pero este pacto superestructural puede tener sus límites. El paro general de la CGT del 25 de septiembre es una respuesta a la situación social y económica del país. Pero también es una respuesta política de la conducción de la CGT a un gobierno que, sienten, que no los escucha.

Los puentes con el Gobierno están rotos. La mayoría de la CGT no quiere tener más a Triaca como interlocutor, porque los vínculos están desgastados. Algunos dirigentes habían entablado buenos lazos con el vicejefe de Gabinete Mario Quintana; hoy ya no está. 

Dante Sica, flamante ministro de Producción y Trabajo, tenía buenos vínculos con algunos sindicalistas a partir de su labor como asesor en empresas industriales. Habrá que ver si logra recomponer esas relaciones para reabrir el diálogo.

En la CGT evaluarán cómo estará “el humor social después del 25”. A partir de eso verán como seguir. 

De todos modos, la CGT así como está le es funcional al Gobierno. La CGT
oficial convoca a un paro para tapar los reclamos de los sectores más combativos, pero no estira de más la cuerda.

Al Gobierno también le sirve el paro para mostrarle al Fondo y al mundo, a lo que se sometería la Argentina si Cambiemos no permanece en el poder. 

Y paradójicamente, la calle llena también le sirve a Macri para demostrarle al mundo los límites a cualquier programa de ajuste. Y aunque el diálogo esté roto, también en ese punto parece haber un nuevo pacto de silencio entre la CGT y el Gobierno, donde las acciones de unos benefician al otro.