Los primeros en desbaratar la idea fueron los jefes de La Cámpora, luego se bajó Pablo Moyano -quien había llegado a tratar de “cagones” a sus pares de la CGT por negarse a movilizar-, después desactivaron las dos CTA y así se evitó echarle más leña a un fuego que sigue sometido a derivaciones imprevisibles…
“En efecto, desalentamos la movilización. No es el momento, ya estuvo la calle llena de gente apoyando a Cristina. Y el 17 de octubre va a salir de nuevo. Ahora lo que vamos a hacer es escucharla terminando de desnudar esta maniobra del juicio, defendiéndose como corresponde”, me dice un senador sureño mientras suena la chicharra para entrar al recinto.
La gran paradoja nacional es que para imponer cordura se pierde calma. Desde el cristinismo más estrecho se llegó a la conclusión de que una manifestación pública podría irse de las manos y, por lo tanto, podría ser un remedio peor que la enfermedad para descomprimir tensiones. La tensión, entonces, pasa a ser parlamentaria, donde está más garantizado que la pirotecnia no supere los decibeles de lo verbal.
Vale consignar en este punto que los acontecimientos de Juncal y Uruguay acrecentaron la desconfianza kirchnerista en la policía. Las incapacidades preventivas, la porosidad de la custodia y algunos disparates en las pesquisas tecnológicas sobre los llamados “copitos” actuaron en la epidermis K como quien se quema con leche. El “estado místico” reconocido por la propia CFK ante el “milagro” de su supervivencia se combina con altas cuotas de justificada paranoia en su entorno más cercano.
Lo cierto es que la mescolanza de corrupción, magnicidio y política que nos domina no hizo más que redoblar la centralidad de la expresidenta en la escena del poder. Aun así, nadie aventura que vaya a postularse en 2023 para volver al Sillón de Rivadavia. Más que de encuestas desventajosas, se trata de una situación todavía indefinida.
Preguntas al voleo mientras los senadores del Frente de Todos van entrando a la sesión:
- “¿Cristina termina el año inocente o culpable?”
- “¿El intento de asesinato cierra en los actuales detenidos o habrá otros y se revelará una trama más compleja de organización y financiamiento?”
- “¿La economía va a arrancar o no?”
Las incógnitas no terminan ahí, pero las ambigüedades planteadas por esas tres alcanzan y sobran para desalentar pronósticos.