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Manual del "acampe" piquetero: el verdadero mensaje detrás de las carpas

Más allá del caos de tránsito y lo multitudinario de la protesta, la disputa política de la calle se puso en el centro de agenda con un gobierno peronista. Por qué lo que fue una solución hace dos décadas, hoy se ubica en el centro del problema.
Edi Zunino
por Edi Zunino |
Caos en el centro por un acampe masivo y tres días de protestas: qué reclaman y qué calles se ven afectadas (Foto: Twitter Diego Santucho).

Caos en el centro por un acampe masivo y tres días de protestas: qué reclaman y qué calles se ven afectadas (Foto: Twitter Diego Santucho).

Apenas asumió el poder, el 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner se propuso liberar las calles de protestas. En 2001 había volado todo por el aire y aquellas incesantes manifestaciones tenían dos vertientes principales: la clase media que reclamaba por sus ahorros acorralados y el desbarranco de su poder adquisitivo, y los sectores más humildes, afectados por el creciente desempleo.

Los índices de pobreza venían de alcanzar cifras récords –más del 60% en el pico de la hecatombe socioeconómica- y, continuidad mediante del rumbo económico establecido por Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna, el primer Gobierno K entabló una relación de nuevo tipo con los nacientes movimientos piqueteros: se los reconoció como intermediarios en la administración de la asistencia social a través de subsidios oficiales. Casi 20 años después, aquella solución pasó a consolidarse como parte sustancial del problema.

Hoy, vivimos una de las tantas paradojas nacionales. Al presidente Alberto Fernández, que era el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, se le está yendo de madre la calle –dimensión culturalmente peronista si las hay- por las protestas de los movimientos sociales que no controla, sobre todo el izquierdista Polo Obrero.

El ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, se vio desbordado de reclamos tras anunciar que se congelaba la asignación de nuevos planes, mientras lanzaba una movida para que los beneficiarios de los que ya existen se cambien de área prestadora. De hecho, se trata del involucramiento frontal del Estado en quitarles base de sustentación a quienes se enrolan detrás de las organizaciones no peronistas. Es el trasfondo menos comentado de la concentración de estos días.

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Lo apreciado frente al ministerio que tiene dos efigies gigantes de Eva Perón mirando al Norte y al Sur, carece de precedentes. Para el “acampe” con hegemonía del Polo Obrero hicieron falta niveles de empatía, movilización y logística impresionantes, sólo posibles gracias a que la suma de pobreza en alza y variedad de programas de asistencia se ha constituido a lo largo de décadas como un universo en sí mismo, con lógicas y culturas propias.

“Sólo la organización vence al tiempo”, decía Juan Domingo Perón en sus pretendidas 20 verdades. Convengamos que no lo ha vencido, pero el tiempo y el empeoramiento de la situación a lo largo de ese larguísimo tiempo han sido los más grandes aliados de la sofisticación organizativa de estos grupos de activistas.

En el “acampe” se desplegaron:

1) Una muy aceitada infraestructura logística de traslado.

2) Una sorprendente capacidad de autoabastecimiento a precios populares (feria con productos básicos para la ocasión).

3) Prestación de servicios múltiples (agua caliente, seguridad, baños y hasta peluquería).

4) Producción de entretenimientos (el central: un escenario para el paso incesante de artistas populares).

Toda esa parafernalia nada tiene que ver con la improvisación. Ni es gratis. Implica un sentido de voluntad, con entrenamiento, recursos y capacidad de administrarlos. Habrá quienes tranquilicen sus conciencias ideológicas denunciando la “industrialización” del piquete o su “sindicalización”. Algo de ambas cosas hay. Sin embargo, por encima de todo eso, el fenómeno ya es político. Y adquirió una lógica en sí misma, que será lo más difícil de desactivar, aun si la Argentina ingresara en un sorprendente período de abundancia.

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Para el Gobierno, el problema está afuera. En lo que no contiene. Se sintetiza en el sello Polo Obrero. Pero también lo tiene adentro. Tener entre su staff de nuevos burócratas estatales a los líderes de los movimientos más bien peronistas, fuera de desactivar focos de conflicto, abre otros desconocidos. Conducir una “orga” de excluídos a montones ya no sólo genera dirigencias, sino que pone ante ellas la posibilidad/necesidad de acceder a una banca parlamentaria, ser funcionario y, por qué no, ministro. No digo que esté mal. Ni bien. Digo que así ha terminado funcionando la “gran solución” de Kirchner convertida en “gran parte del problema”.

Quien quiera ver en ello un germen de lo que acabaron siendo los sindicatos tradicionales, con sus longevas conducciones de multimillonarios sin refinar, puede tener razón. Falta, de todos modos, que corra más agua bajo los puentes. Por ahora, esos mismos sindicalistas gordos están preocupadísimos: temen que los Grabois, los Pérsico, los Menéndez y demás les copen la CGT, si los reconocieran –tal cual pretenden- como organizaciones de trabajadores sin trabajo.

Claro que el fenómeno tiene otra dimensión, por fuera de los deseos de sus dirigencias de un color o del otro. En el “acampe” de la 9 de Julio también se vio que la mayoría de los movilizados carece de líderes definidos. Eduardo Belliboni puede tener mucho carisma y aún más exposición mediática, pero la base no lo sigue como a ningún mesías. Para el Gobierno y su dirigencia piquetera ad hoc puede ser un alivio eso… Mejor dicho: un estímulo a que con ciertas movidas administrativas de la ANSES y otras áreas involucradas se les pueda quitar base a quienes, por lo bajo, siguen llamando “zurdos”. Igual, por las dudas, después de mucho tiempo, ayer, una gestión peronista decidió mandar cientos de temibles infantes policiales a desalojar la Autopista 25 de Mayo, dejando el caos del centro porteño en el debe de Horacio Rodríguez Larreta.

También hay que decirlo: a esta dirigencia social se le debe que la sangre no llegara al río en ninguno de los picos de crisis de los últimos años. Su rol contenedor de la violencia desmadrada tipo 2001 es evidente. (Otro pero: en los episodios más recientes han sobresalido grupos, pequeños hasta el momento, muy estimulados a fuerza de molotovs, gomeras y demás implementos de combate).

Vayamos al fondo del asunto. La última cifra de la pobreza en la Argentina marcó un 37,3%. Son 17,4 millones de personas de carne, hueso y ganas de un futuro. Demasiadas. Y serían todavía más, ya que el número remite a diciembre pasado. Esa es la cuestión. El resto es politiquería. Insondables talveces. Paja, digamos. Urge vencer al tiempo, acaso como nunca. Más plan que planes.

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Acampe en la 9 de Julio. Los cortes que afectarán al tránsito este miércoles 29.

Acampe en la 9 de Julio. Los cortes que afectarán al tránsito este miércoles 29.