Liberaron 4 mil delincuentes, muchos de ellos peligrosos asesinos, violadores y narcotraficantes, con la excusa del coronavirus. Y ahora se está viendo el accionar de estos malvivientes. ¿O se pensaba que no iban a salir por miedo a contagiarse?
Sergio Berni salió en defensa del abuelo que asesino a un delincuente en Quilmes. Fue el único del Gobierno que tuvo esa postura, pero no fue sincero, porque aprovechó ese triste episodio para allanar el camino de la reforma judicial y decir que es necesario un cambio en la Justicia.
Todos sabemos que esa reforma de la justicia del Gobierno no es para que la ciudadanía tenga mejor Justicia, es para garantizarle a Cristina Kirchner su impunidad y hacer que al kirchnerismo no se lo pueda investigar más en el seno de las instituciones y la Justicia para adelante.
El kirchnerismo, rápido de reflejos, aprovechó está pandemia para gobernar por decreto cerrando el Congreso, prorrogó la cuarentena todo lo que necesitaban porque no tienen plan; para completar la unidad de autoritarismo, Alberto Fernández firmó un decreto que impone un estado de sitio encubierto, un abuso de poder que viola derechos y libertades contempladas en la Constitución.
Por ello, presenté un proyecto en el Congreso que repudia, rechaza y pide rever esta medida y volver atrás con la misma. Este decreto, manifesté, es inconstitucional, desmesurado e ilegal. La Cámara del Crimen de la Ciudad de Buenos Aires, dos días después de que presentara el citado proyecto, declaró al decreto presidencial inconstitucional.
Necesitamos volver a la normalidad, donde los argentinos puedan salir de sus casas por que el Estado los cuida y mete presos a los delincuentes; donde el que trabaja no tiene que sentirse amenazado por delincuentes que roban en sus viviendas, que roban ganado y queman silobolsas y mafias y patotas sindicales afines al Gobierno.
Hemos retrocedido peligrosamente en materia de seguridad y se ha desmantelado y desguazado el excelente trabajo que había realizado Patricia Bullrich.
La Argentina actual, con niveles de pobreza que son una vergüenza inexplicable, no resiste políticas autoritarias que nieguen la inseguridad creciente y promuevan impunidad y violencia institucional.
Parece que en el país vivimos en el mundo del revés. Se apaña al delito y el narcotráfico y se encierra y quiere castigar con penas de hasta dos años a quienes están en sus casas con familiares o afectos.
De ese modo, el Estado, lejos de ayudar a los ciudadanos, parece ser un Estado del cual hay que cuidarse.
(*) El autor es diputado nacional de Juntos por el Cambio