Resulta que Menem llega a un paraje pobrísimo para repartir regalos por el día del niño. Sorprendido por lo esmirriado del piberío que lo rodea le pregunta a un colaborador:

-¿Por qué están tan flacos?

-Y Carlos, no comen.

-Ah, ¿no comen? Entonces no hay juguetes para nadie. Vamos.

Eran mediados de los 90, Google no existía, virales eran gripes o anginas y las redes sociales se limitaban al tamaño de una tarjeta de cartón. Sin embargo, aquella humorada presidencial se repetía como un chisme no sin un gusto entre cómico y trágico: además de lo que el menemismo provocaba -no risa, precisamente-, la escena podía ser muy real e incluso algune lo habrá pensado.

Antes de entrar a la Casa Rosada y luego durante el inquilinato de diez años, el riojano protagonizó escenas insólitas para un jefe de Estado y cosechó frases tan memorables como bestiales que incluso se compilaron en un libro. En este contexto no desencajaba la de los viajes a la estratósfera convertida a fuerza de loop en un cliché.

Sin embargo muy pocos deben recordar que en su momento no tuvo la connotación que adquirió décadas más tarde; que varios medios de comunicación lo difundieron como una promesa más que hacía Menem en los primeros meses de su segundo mandato y que no fue tan repetido qué había detrás de aquel anuncio que, incluso, llegó a rumorearse de que se trataba de una apuesta entre el Presidente y un colaborador.

Era el primer lunes de marzo de 1996 y se iniciaban las clases en el marco del clásico reclamo docente. Menem llegó para inaugurar el ciclo lectivo hasta la escuela 160 Vicente de Uriburu de la ciudad salteña de Tartagal, 55 kilómetros al sur de la frontera con Bolivia. El escenario no era azaroso y había sido elegido porque el distrito salteño padecía la mayor deserción y analfabetismo del país (la provincia duplicaba la media nacional, según datos oficiales), en un contexto general de recorte al financiamiento educativo a nivel nacional.

Los matutinos -¡costaban un peso!- reflejaban por esos días la creciente tensión entre Menem y el superministro de Economía Domingo Cavallo, el escándalo por el contrato entre IBM y el-Banco Nación y el encono hacia un empresario hasta entonces ignoto: Alfredo Yabrán.

La comitiva presidencial llegó al aeroclub local en el Tango 03 y además del primer mandatario viajaron el entonces y actual secretario privado de Menem, Ramón Hernández; los ministros del Interior Carlos Corach y de Educación, Jorge Rodríguez y la vice de éste, Susana Decibe; junto con cronistas de Télam, ATC (hoy TV Pública), Clarín, Página 12, La Nación y La Prensa, entre otros.

En esa época pregrieta, los periodistas viajaban en el avión presidencial sin demasiada discriminación, pero en esa ocasión, además, se esperaban anuncios en materia educativa. Al día siguiente de aquel lunes interestelar algunos titularon con candor, pero no todos llevaron el tema a la tapa. "Menem anunció vuelos al espacio desde la Argentina", eligió Clarín, que colocó el tema en las páginas de Educación.

"Primer día de clase con mensaje interplanetario", señaló Página 12 fiel al manual de estilo. "Habrá una base espacial en Córdoba", arriesgó La Nación que lo consagró en tapa como frase del día: "En poco tiempo se licitará un sistema de vuelos espaciales. Una plataforma que quizá se instale en Córdoba permitirá llegar a Japón en 90 minutos". En el cuerpo del diario sábana la decisión fue colocar el tema en un recuadro de la nota principal (en la sección Cultura) enfocada en otra promesa presidencial: luchar contra el analfabetismo y las huelgas docentes. "¡Menem anunció viajes espaciales desde Córdoba!", titulaba exultante en letras blancas sobre fondo rojo y en el extremo superior la tapa de Diario Popular.

Extrañamente cauto, el competidor Crónica se preguntaba "¿Harán en Córdoba una base para despegues espaciales?". Ambito Financiero optó por un lavado "El Presidente anunció ambiciosa plataforma". Alguna nota mencionó que la frase había sido un artilugio discursivo de Menem para despertar interés entre los alumnos por el conocimiento.

"¿Cómo preparar a los niños de cara al futuro? La Argentina no puede quedar desenganchada de este proceso universal: los viajes espaciales, el cambio de las tripulaciones en el Espacio. Pero se puede acceder si avanzamos en el campo de la educación. Hace poco recibí a una empresa multinacional. Dentro de un tiempo vamos a licitar un sistema de vuelos espaciales, mediante el cual desde una plataforma que quizá se instale en Córdoba, esas naves con todas las seguridades habidas y por haber van a salir a la atmósfera, se van a remontar a la estratósfera y desde ahí elegir el lugar adonde queramos ir. En una hora y media podremos estar en el Japón o Corea", refirió la crónica de Clarín, que párrafos más adelante daba una precisión acotada sobre esa reunión de Menem, el entonces ministro de Defensa Oscar Camilión y directivos de la norteamericana Lockheed.

En el resto de las coberturas hay menciones someras a la extrañeza de las palabras de Menem y sólo la de La Prensa dice que “la perplejidad” se instaló entre los asistentes al acto escolar.

Un ex vocero gubernamental pide el anonimato a cambio de memorizar:

"Nadie sabía que iba a decir eso. Nos quedamos todos duros. Teníamos preparada toda una campaña de publicidad oficial sobre el anuncio educativo que iban a hacer Menem y Rodríguez, pero no la pudimos usar con esto. Enseguida reunimos un comité de crisis para ver qué decíamos en Buenos Aires".

Otro, que trabajaba con Camilión, confirma:

"Fue algo totalmente imprevisto. Nadie sabía de qué se trataba. Ni Camilión. Me acuerdo que estábamos en una conferencia de prensa con el entonces jefe de la Fuerza Aérea (Juan) Paulik y nos mirábamos desconcertados. Pero Menem se encaprichó en que había que salir a bancarlo y él tuvo que hacerlo".

Camilión surfeó obediente la ola que creció con el rebote de los diarios hasta convertirse en materia prima de los libretistas de Tinelli -con esa concepción fordista del humor que tenían- y algunos otros, como Daniel Paz y Rudy, Nik y hasta Osvaldo Soriano que le dedicó una contratapa en Página 12 de la serie Llamada Internacional.

Al día siguiente, Página 12 lo llevó a tapa con la explicación de Camilión: se trataba de una invitación de Lockheed para participar de una licitación aún en marcha y sin adjudicatario. La empresa norteamericana había llegado un año antes al país con la promesa de reactivar el Area Material Córdoba, pero de movida se despachó con 820 despidos.

El diario Clarín informó en la cobertura del día siguiente que Menem había cometido una infidencia sobre lo que le había contado la máxima autoridad de Lockheed Harold Bowling.

La semana siguiente, la revista Noticias mantuvo el tema y lo desplegó con tres páginas de la sección Información General, que incluían una columna de Orlando Barone, entre celebratoria y cautelosa, en la que comparaba a Menem con Juan Domingo Perón; y testimonios de la pobreza que se sufría en Tartagal.

La nota del semanario incluía la opinión de Conrado Varotto, doctor en Física, por entonces y hasta junio último director ejecutivo y técnico de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), quien confirmaba que había un proyecto de la NASA para reemplazar al Shuttle, el transbordador espacial, en el que habría participación privada y que la multinacional estadounidense Lockheed participaría de la licitación.

"Cuando la NASA adjudica un proyecto le informa a la máxima autoridad de la empresa, pero le pide máxima reserva y le aclara que serán ellos los que hagan el anuncio. El Presidente había tenido días antes una reunión con las máximas autoridades de Lockheed, le habrán contado, se entusiasmó y lo dijo, ahí estuvo la pifiada. El proyecto luego se discontinuó porque se invirtió más de lo previsto. Pero a mí siempre me dolió y lo digo con franqueza por qué no se trató de averiguar de qué se trataba", recuerda todavía.

Con el correr de los días y meses comenzó a rumorearse que en realidad el anuncio era parte de una apuesta entre Menem y un colaborador que lo había desafiado a tirar semejante anuncio. El chisme quedó ahí, en el fangoso terreno de los mitos.

No hubo viajes a la estratósfera, claro, pero no fue el único anuncio que no se concretó: el viernes anterior de aquel lunes de la estratósfera, Menem había prometido que la Argentina "pronto" estaría entre los cinco países más poderosos del mundo; y no ante un auditorio de niños y pobres sino los miembros de la Asamblea Legislativa que había asistido a la inauguración del periodo de sesiones ordinarias del Congreso.