Tu existencia en este mundo hizo la vida más fácil.
Nadie se merece más que vos sentirse elegida: por el universo, por el mundo, por mamá. Solo vos y yo sabemos todo lo que nos costó vivir la vida con plenitud, sin miedo y siempre para adelante.
Cuando miro para atrás y recapitulo todo lo que vivimos juntas, entiendo que la familia que no se me dio como hija me la diste vos como mamá. Entraste en un cuarto de cristales rotos y volviste el piso de algodón.
Te escribo poesías desde el día en que naciste, al igual que tu hermana, que te ama. Porque vos viviste dos años sin chuchu, pero ella no conoce la vida sin vos.
Le lavás la cara a mi pasado, a mi historia y a mi rebeldía con tus buenos modales, con tu comprensión y con tu cercanía con los animales. Vibrás alto y el mundo lo siente.
Sos y siempre serás la luz que llegó a esa casita sin electricidad, caminando de mi mano hasta que se convirtió en la casa de princesa, el hogar que siempre quise y que nunca había tenido.
Aún recuerdo cuando tu bañera era un balde de pintura y sonreías igual de gigante que en las piletas exóticas a las que la gente nos dio la oportunidad de llegar, apoyando nuestra historia, y sobre todo la tuya.
Nunca supe que quería ser cantante, pero desde que nací soñé con ser tu mamá. Mi primera hija, feliz vida.