Casos de éxito

Empezó vendiendo calzado femenino en Palermo y pudo expandirse regionalmente

Luz Príncipe diseñó su propia marca en momentos turbulentos de la economía. Cómo hizo para embellecer unas ojotas y, tiempo más tarde, poder agrandar el negocio.
Lionel Paredes
por Lionel Paredes |
“Si esto salió de un momento cuando las cosas no estaban bien económicamente: cómo no me voy a adaptar a una situación peor

“Si esto salió de un momento cuando las cosas no estaban bien económicamente: cómo no me voy a adaptar a una situación peor", dice la emprendedora. (Foto: Luz Príncipe)

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Diseña zapatos con la marca que lleva su mismo nombre. Y si hay que empezar a contar la historia del éxito, es necesario remontarse al inicio: en el cumpleaños de un familiar.

Corría el año 2000 y el país padecía una fuerte recesión.

“Cobraba con bastante desfasaje mi sueldo en Radio Nacional. Allí hacía locución y producción periodística, mi primera vocación. Apenas me alcanzaba para comprarle unas humildes ojotas a mi cuñada. Eran tan espantosas que me dio vergüenza y empecé a aplicarles galones, piedras y cintas para embellecerlas un poco”, cuenta Luz Príncipe, diseñadora de su propia marca.

Embellecer el producto

“El procedimiento de embellecerlas dio resultado porque el día que se las entregué a las amigas de mi cuñada se fascinaron tanto con el par de ojotas mejoradas que me preguntaron si podía prepararles otras a ellas. Obvio que conteste que sí. Y terminé confeccionando 300 pares sólo en ese verano”, sigue.

“Mis primeros pasos fueron intuitivos. Sabía que me gustaba mucho hacer zapatos. Al principio sólo ojotas. Pero en aquel entonces todavía seguía con mi trabajo en la radio y sólo podía dedicarme los fines de semana. En esa instancia surgió un fenómeno social que fue clave para el emprendimiento. Era el boom de las ferias de Palermo, y tuve la suerte de agarrarlas desde el principio”, relata.

Y agrega: “Fue una época de crisis en la que la gente se agarraba de lo que tenía más a mano para sobrevivir. Allí, tuve un segundo gran acierto que fue armar un mailing con todos los compradores y curiosos que domingo a domingo se acercaban a nuestro stand en Plaza Serrano”, recuerda.

“Hoy tal vez pueda parecer una obviedad, pero en ese momento -2000/01- la herramienta del newsletter no estaba del todo divulgada, y la fui desarrollando a pura intuición. A cada persona que me compraba le pedía su mail. Y así fui armando una lista de clientes a los que les enviaba las novedades y les avisaba en qué feria iba a estar ese fin de semana”, suma.

El newsletter fue sofisticándose cada vez más, con fotos y textos específicos que buscaban la complicidad del destinatario. Hoy mantiene clientes de aquella época de misivas digitales.

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Quince años después de aquel momento, Luz Príncipe se convirtió en una marca reconocida en el exquisito mundo de los zapatos de autor, aquellos que combinan toque personal con atención a la moda, más allá de que la emprendedora prefiera la denominación “zapatos de edición limitada”.

Así busca adecuarse a más a su estilo y filosofía.

Cultura de negocios

El emprendimiento cuenta con un taller propio, sus diseños ya traspasan fronteras después de una experiencia muy positiva en Europa. También en Latinoamérica porque lograron exportar a varios países.

“Por ejemplo, cuando desembarcamos en Venezuela, hay una industria de Miss Universo y creo que les atrae mis colecciones porque apuntan a algo bien clásico, aunque audaz con los colores. Nuestra línea es clásica. Usamos una moldería básica porque la mujer de hoy es funcional, hace muchas actividades y por ende necesita algo cómodo”, señala.

Y avanza: “Las plataformas de 15 centímetros o los tacos de gamuza pueden ser divinos en un desfile o en una exposición. Pero no los lleves a la calle o al trabajo porque la vereda o el roce con el pedal del auto los destroza”.

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Siendo hoy una marca hija de la mayor crisis que tuvo nuestro país, Luz Príncipe no tiene miedo de hipotéticas turbulencias a producirse en el futuro.

“Si esto salió de un momento cuando las cosas no estaban bien económicamente: ¿Cómo no me voy a adaptar a una situación peor? No quiero un emporio. Quiero sentirme orgullosa de mi trabajo. Ser artesanal en el detalle y rigurosa en la terminación final”, finaliza.

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