Por Rocío Sirimarco.
Por Rocío Sirimarco.
La cosmética vegana crece entre los consumidores. Hace solo unos años que un producto de belleza estuviera “testeado en animales” pasaba prácticamente inadvertido para la mayoría de la sociedad. Igual sucedía con su packaging fabricado -en mayor medida- con plástico.
La situación, por fortuna, hoy es distinta: la conciencia de las personas respecto de lo que consume es un hecho.
El activisimo ambiental logró visibilizar el efecto dañino, por ejemplo, del plástico en nuestro planeta. Este material tarda 500 años en degradarse, es decir, que todo ese tiempo queda en la Tierra en forma de microplásticos de 5 mm de diámetro, que atentan contra nuestra propia salud, la de los animales y de la biodiversidad en general.
Con los testeos y experimentos de maquillajes en animales ocurre lo mismo. Desde 2013, en toda la Unión Europea esta práctica cruel está prohibida. En 2021, The Humane Society realizó una campaña contra la experimentación animal en la cosmética, que generó gran repercusión mundial.
Se trató del cortometraje animado “Save Ralph” escrito y dirigido por Spencer Susser y que contaba con estrellas como Zac Efron, Ricky Gervais y Taika Waititi.
En formato de falso documental, su protagonista Ralph, un conejo que es utilizado para testeos cosméticos, cuenta cómo sacrifica su propio cuerpo y su vida para ser testeado. Ralph es parcialmente ciego de un ojo y tiene secuelas graves de estos experimentos y, aún así, lo siguen torturando para realizar dichas pruebas.
Con el hashtag #SaveRalph y #CrueltyFree, el video se viralizó en el mundo entero y, sin dudas, invitó a más personas a reconocer el daño que causan los testeos de cosméticos en los animales.
Al mismo tiempo, fueron surgiendo nuevas tendencias en el estilo de vida que hicieron que muchos consumidores se volcaran al veganismo como modo de alimentación, pero también para el uso de su cosmética diaria. La disminución del impacto ambiental de estos productos y el apoyo a procesos de producción sostenibles son otras de las razones por las cuales muchos más ciudadanos prefieren la cosmética vegana.
Según un estudio de Mordor Intelligence, la Tasa de Crecimiento Anual Compuesto (CAGR) en el mercado de la cosmética vegana crecerá en un 6.5% en los próximos cinco años. En esta misma sintonía, en 2022, una investigación de Grand View Research sostuvo que se espera que la industria alcance los 26 mil millones de dólares para el 2030. Por otra parte, cientos de marcas internacionales de renombre, desde hace tiempo, han lanzado su propia línea vegana para sumarse a la tendencia, la más escogida entre los jóvenes de la generación Z.
En Argentina, en tanto, el consumo de productos cosméticos de origen natural y sin ningún tipo de tortura animal también se populariza. Si bien no hay una legislación que prohíba el testeo en animales, no solo cada vez más ciudadanos se oponen a esta práctica, la comunidad científica también ha manifestado su oposición a la experimentación de especies en diferentes estudios.
El objetivo es tener una sociedad más responsable con el planeta y con los animales que también habitan en él.
Ninguna especie debería sacrificarse en el nombre de la belleza humana. Es indudable que otro camino es posible. Y tal vez fue ese mismo el punto de partida que motivó a Micaela Beherens a crear Kamikaze, una línea de cosméticos natural, vegana, libre de los derivados del petróleo y de la crueldad animal.
Con la finalidad de reemplazar el plástico por alternativas sustentables, la marca usa mayoritariamente para sus productos, envases de vidrios, bolsas de tela y papel kraft.
El mantra de Kamikaze es claro: se ofrece un producto integral que va más allá de lo superficial, que no solo sirve para cuidarse a uno mismo, también al planeta y a los animales.
Pero, ¿cómo surgió la idea de la marca y cuáles desafíos se le presentaron para instalarse en un mercado incipiente?
En una entrevista exclusiva con este medio, Micaela cuenta que la marca primero se llamó MB cosméticos (sus iniciales), pero en 2019, con otro concepto en la mano, decidió darle un giro rotundo y así nació Kamikaze.
“La idea inicial siempre fue hacer algo que trascienda, que deje huella. Usar este proyecto como canal para dejar un mensaje grande: el de construir juntos un nuevo concepto de belleza: desde la aceptación, el amor propio. Libre de estereotipos. Obviamente, cuando empezamos no lo teníamos tan claro, pero siempre estuvo esa idea en la cabeza, de a poco le fuimos dando forma”, sostiene.
En cuanto a su primera inspiración, la fundadora de la línea de cosméticos, afirma que además de la naturaleza, también lo fueron “los aromas, el diseño, los colores y generar cosas lindas cuando la gente recibe los productos”.
“Me parece hermoso ofrecer un producto que además de hacerte bien a vos, también les estés haciendo bien a los animales y al planeta. Es algo superintegral que le da un valor agregado enorme”, indica.
Para Beherens, el cuidado personal no puede no ir de la mano de la conciencia animal ni del cuidado del medio ambiente porque es donde habitamos, donde desarrollamos nuestra vida.
“Creo que si proponemos el cuidado de la gente, de uno mismo, de los animales (al ser todo vegano y crueltyfree) brindar un producto que además cuide al planeta, cierra un círculo perfecto. Además, es nuestra casa, nuestro hogar. Cuidarnos tiene que tener que ver con cuidar al planeta, necesariamente. Solo que a veces nos cuesta un poco más verlo”, explica.
Durante casi dos años, Kamikaze operó como tienda virtual, pero en plena pandemia apareció la posibilidad de abrir un local en Palermo y mudarse del depósito para que así funcionara solo como tal. Micaela no lo dudó un segundo.
Acompañada de su familia y un gran equipo, la emprendedora se puso al hombro la apertura del negocio a finales del 2020. Sabía que era todo un desafío, pero al mismo tiempo se trataba de su pasión y de sus ganas de darle alas a un proyecto natural que deje huella en los consumidores. Y así fue.
El local se inauguró el 19 de diciembre de ese año en la calle El Salvador del barrio porteño de Palermo con la presencia de sus seres queridos y amigos.
Con casi cuatro años de presencia en el mercado, la empresaria se refiere a lo que más ama de su marca y no duda en mencionar al armado del producto y a su packaging.
“Diseñar un producto es lo más lindo y mágico de este rubro, para mí. La selección de los ingredientes, la textura, sensorial, aromas, packaging, diseño, la estrategia de lanzamiento, es crear, para mí es arte y cada uno es muy especial y tiene su historia. Por ejemplo, el Serum Vida, el último lanzamiento, es el segundo producto de una línea premium que estamos armando y es el primer producto que diseñe después de ser mamá, después de dar VIDA. Un hecho realmente trascendente en mi historia y por ende sentía que tenía que reflejarlo en Kamikaze”, expresa.
Sus amigos, su familia, sus colegas, pero también la comunidad que la acompaña -especialmente en Instagram, donde tiene casi 80 mil seguidores- juegan un papel clave en la selección y opinión de algunos de sus productos.
“Muchas veces, para nombres o packaging de un nuevo producto, lo consulto con mis seguidores en Instagram. Me parece que hacerlos parte nos ha hecho crecer. Hacerlos parte de las decisiones, de las novedades, de las ideas. Eso creo que es clave”, indica.
Emprender en el rubro que sea, también implica desafíos y retos constantes. Micaela lo sabe y explica que, en este tiempo, ha aprendido a equilibrar sus emociones y a comprender que no siempre todo puede salir como lo tenemos pensado.
“Tuve que aprender a ir paso a paso, bajar los pies a la tierra, hacer más de a poco.
Pero siempre fueron desafíos que justamente al verlos como tal y no cómo “problemas” pudimos encararlos muy bien. Pienso que la clave es saber pedir ayuda de gente capacitada en algo específico cuando te sobrepasa”, dice.
Por supuesto, otros elementos como la inestabilidad económica y la inflación repercuten en un emprendimiento, pero, en este sentido, Micaela sostiene que si bien “tuvieron que acomodarse a ciertos cambios” no surgieron trabas específicas para el crecimiento de Kamikaze.
“Siempre tuvimos bastante claro lo que queríamos. Después en la evolución, obviamente si, cuando crecimos y pasamos de monotributistas a responsables inscriptos, fue un cambio muy fuerte que nos desestabilizó un montón y costo acomodarse”, recuerda.
Y agrega: “La parte más linda, para mí, es hacer lo que te gusta. Trabajar de lo que amás, para mí no es un trabajo, disfruto plenamente de lo que hago, podría hacerlo 24 horas”.
La marca se encuentra en un proceso de crecimiento interesante. La evidencia de eso es que hace solo unas semanas, estuvieron presentes -por primera vez- en la Cosmoprof, una de las ferias de belleza más importantes del mundo, que tuvo lugar en Bolonia, Italia. Además, Kamikaze está a punto de internacionalizarse.
“Creo que es una puerta gigante que va a generar un crecimiento que aún ni nosotros podemos creer. Estamos en ese camino. Estamos armando una línea premium con activos biotecnológicos y packaging de alta calidad para poder satisfacer otras necesidades y poder ofrecer dos líneas, una más económica y accesible para todos, y otra para quienes puedan y quieran darse lujitos”, adelanta.
La emoción y el entusiasmo de Micaela al hablar de Kamikaze se nota en todo momento, pero sobre todo cuando se refiere a la misión de su línea.
“Queremos llegar a la mayor cantidad de gente para darles nuestro mensaje, que les toque el corazón, que sea un mimo al alma y a sus rostros. Que se sientan mejor por cuidarse, por dedicarse un momento. Por conectarse con uno mismo. Que se acepten, se cuiden, se amen”, finaliza.