“Coincidimos en que el ascenso podría ser el cierre de un proyecto que nos comprometió durante cuatro años. Pero el equipo estaba primero. Y naturalmente, tampoco lo habíamos hablado con la dirigencia, que hace menos de tres meses me había ofrecido continuar en ese cargo de una manera indefinida. Me recibieron Mariano Zabaleta y José Acasuso. La ausencia del presidente (N.d.R: Agustín Calleri) hizo aún más remota la idea de que esa reunión fuera el fin de un ciclo”.
“Nos propusimos que la Copa Davis fuera un medio para transmitir un mensaje que potenciara a los más chicos. Estábamos convencidos de que depender exclusivamente de los resultados para generar identidad en los juniors era limitante. Debíamos ir más allá. La identificación debía estar en el trabajo; en el proceso y no en los resultados. Nos propusimos que este fuera un deporte de valores, de trabajo en equipo, de compromiso y de respeto. Basado en el diálogo. ¿Trabajo en equipo y respeto? ¿Diálogo? ¿En el tenis? Sí, en el tenis”.
“Pero sí pienso que este final debió ser diferente. Cuando me tocó agarrar el micrófono después de levantar la Ensaladera, quise transmitir equilibrio. Las pocas palabras que pude decir en medio de tanta emoción salieron de mi corazón, pero como capitán, en ese momento de tremenda exposición, debía ser un ejemplo de mesura. Y también debo serlo ahora en este cierre de ciclo, que me hubiese gustado que sea dentro de una cancha de tenis, trabajando, con la ilusión de completar el regreso al Grupo Mundial”.