Por el contrario, en la Unión Europea, gran parte de América Latina y otras regiones del mundo, no se lavan antes de la venta al público. La legislación alimentaria prioriza mantener la cutícula intacta. En estos contextos, lavarlos en casa es innecesario y potencialmente riesgoso.
Entonces, ¿qué hacer si un huevo está visiblemente sucio? La recomendación es limpiarlo con un paño seco o papel descartable justo antes de usarlo. Solo si la suciedad persiste, se puede enjuagar con agua tibia en el momento de la cocción, nunca antes de almacenarlo.
¿Heladera o ambiente natural?
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Cómo detectar si el huevo tiene salmonella.
La duda sobre cómo conservar los huevos depende del país y del modo en que fueron tratados después de ser puestos. Si fueron lavados industrialmente, deben mantenerse refrigerados en todo momento. Esto incluye su almacenamiento en la tienda, el transporte, el hogar y hasta minutos antes de cocinarlos. Sacarlos de la heladera y dejarlos fuera por horas puede causar condensación en la superficie, favoreciendo el ingreso de bacterias.
En cambio, si no fueron lavados (como es común en gran parte de América Latina y Europa), pueden mantenerse a temperatura ambiente, siempre que el clima sea templado y no haya grandes cambios de temperatura. De todos modos, si el ambiente es muy caluroso o húmedo, la refrigeración resulta más segura.
Una vez que se enfrían, deben mantenerse fríos hasta su uso. Volver a exponerlos al calor ambiental corta la cadena de frío, un factor clave en la prevención de enfermedades transmitidas por alimentos.
Además, los especialistas recomiendan no guardar los huevos en la puerta del refrigerador, ya que esa zona sufre variaciones constantes de temperatura cada vez que se abre. Lo ideal es colocarlos en la parte media o trasera del electrodoméstico, con la parte puntiaguda hacia abajo, para mantener centrada la yema y conservar la frescura interna por más tiempo.
¿Y los huevos de campo?
En el caso de los huevos de granja o producción doméstica, donde no se aplica un proceso de lavado industrial, la importancia de la cutícula se vuelve aún más relevante. En estos casos, se recomienda no lavarlos salvo que sea imprescindible, y solo justo antes de cocinarlos.
Si las condiciones ambientales lo permiten, pueden conservarse a temperatura ambiente por unos días, pero si hace calor o hay dudas sobre su sanidad, lo más seguro es refrigerarlos.
El riesgo silencioso: salmonella
Uno de los principales motivos por los cuales es importante manipular bien los huevos es la prevención de la salmonella, una bacteria que puede estar presente en la cáscara o incluso dentro del huevo si fue contaminado durante la formación en el interior de la gallina. Esta bacteria puede causar gastroenteritis, fiebre, vómitos y, en casos graves, complicaciones más serias en niños, adultos mayores o personas inmunocomprometidas.
Cocinar los huevos completamente (hasta que la clara y la yema estén firmes) destruye la bacteria. Pero si se los lava de forma incorrecta o se rompe la cadena de frío, el riesgo aumenta.