Durante años, la frecuencia sexual fue uno de los principales termómetros para medir la “salud” de una pareja. Más encuentros era sinónimo de pasión; menos, señal de crisis. Sin embargo, en los últimos tiempos comenzó a instalarse un cambio profundo que desafía esa lógica y que cada vez más parejas confiesan, aunque todavía con cierto pudor.













