Salud

Falta de vitamina D: los 10 síntomas que pueden aparecer en invierno, qué riesgos tiene y cómo obtenerla naturalmente

Durante los meses fríos, los niveles de esta vitamina pueden verse afectados por distintos factores que influyen en su producción y absorción.

10 de julio de 2026 - 12:35
Falta de vitamina D: los 10 síntomas que pueden aparecer en invierno, qué riesgos tiene y cómo obtenerla naturalmente

La vitamina D cumple un papel clave en la salud de los huesos, los músculos y las defensas. Durante el invierno, la menor exposición al sol puede influir en sus niveles.

Durante el invierno, la menor exposición al sol puede afectar los niveles de vitamina D, un nutriente esencial que interviene en múltiples procesos del organismo. Su función principal es favorecer la absorción del calcio y el fósforo, minerales fundamentales para la salud de los huesos y los dientes, aunque también participa en la actividad muscular, el funcionamiento del sistema inmunológico y el sistema nervioso.

A diferencia de otras vitaminas, la vitamina D es considerada una prohormona, ya que el organismo puede producirla y activarla para que cumpla diferentes funciones. Su obtención depende principalmente de la exposición solar, aunque también puede incorporarse a través de determinados alimentos.

10 síntomas que pueden alertar sobre una falta de vitamina D

La deficiencia de vitamina D puede avanzar de manera silenciosa y presentar señales que suelen confundirse con otros problemas. Si aparecen varios de estos síntomas, es recomendable realizar una consulta médica y confirmar los niveles mediante un análisis de sangre.

Cansancio persistente: sentirse agotado de manera frecuente, incluso después de descansar, puede ser uno de los signos asociados a niveles bajos de vitamina D.

Dolor o debilidad muscular: la falta de esta vitamina puede afectar el funcionamiento de los músculos y provocar molestias, sensación de menor fuerza o calambres.

Dolor de huesos o espalda: al intervenir en el aprovechamiento del calcio, una deficiencia puede relacionarse con molestias óseas, especialmente en la zona de la espalda.

Mayor fragilidad ósea: cuando los niveles permanecen bajos durante un tiempo prolongado, puede verse afectada la fortaleza de los huesos.

Infecciones frecuentes: la vitamina D cumple un papel en la regulación del sistema inmunológico, por lo que su déficit puede relacionarse con una mayor predisposición a algunos cuadros respiratorios.

Cambios en el estado de ánimo: algunos estudios vinculan los niveles insuficientes de vitamina D con alteraciones del ánimo, como tristeza, falta de motivación o mayor sensación de cansancio emocional.

Dificultad para dormir: los niveles bajos pueden estar asociados con problemas para conciliar el sueño o mantener un descanso reparador.

Piel seca: la falta de vitamina D puede influir en la salud de la piel y favorecer problemas de sequedad.

Dolores de cabeza: las cefaleas recurrentes también aparecen entre los posibles signos relacionados con una deficiencia.

Problemas de concentración o memoria: algunas personas pueden notar dificultades cognitivas, como menor capacidad de concentración u olvidos frecuentes.

Por qué puede faltar vitamina D

La principal fuente de vitamina D es la exposición solar: entre el 80% y el 90% se produce en la piel mediante los rayos ultravioleta B. Sin embargo, distintos factores pueden reducir esa producción y favorecer un déficit.

Uno de los principales motivos es pasar poco tiempo al aire libre, algo que suele ocurrir durante el invierno por las bajas temperaturas, los días más cortos y la menor exposición directa al sol.

También pueden influir la edad, ya que con el paso de los años la piel pierde capacidad para producir vitamina D; una alimentación insuficiente, cuando la dieta aporta pocos alimentos que contienen este nutriente; y los problemas de absorción, como ocurre en algunas enfermedades intestinales como la celiaquía o la enfermedad de Crohn, o después de determinadas cirugías digestivas.

Además, la obesidad puede favorecer niveles más bajos en sangre, debido a que parte de la vitamina D puede quedar almacenada en el tejido graso. A su vez, algunas condiciones de salud pueden modificar las necesidades del organismo o dificultar el mantenimiento de niveles adecuados.

Cómo obtener vitamina D de manera natural

La principal forma de obtener vitamina D es mediante la exposición al sol, aunque la cantidad producida depende de factores como la época del año, la ubicación geográfica, el tipo de piel y el tiempo de exposición.

Durante los meses fríos, la alimentación puede ayudar a mantener niveles adecuados. Entre los alimentos que aportan vitamina D se encuentran los pescados grasos, como el salmón, la caballa, las sardinas y el atún, que se encuentran entre las fuentes más importantes.

También se destaca la yema de huevo, que aporta pequeñas cantidades de esta vitamina; el aceite de hígado de bacalao, considerado una de las fuentes naturales con mayor concentración; y algunos hongos, que pueden ser una alternativa para personas vegetarianas o veganas.

Además, existen alimentos fortificados, como algunas leches, yogures, bebidas vegetales y jugos, que pueden incorporar vitamina D para aumentar su aporte.

En algunos casos, como personas mayores, quienes tienen problemas de absorción o aquellos con niveles bajos confirmados mediante estudios, un profesional puede indicar suplementos. Sin embargo, no se recomienda consumirlos sin supervisión, dado que un exceso de vitamina D también puede ser perjudicial para la salud.

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