Cuando el nivel de calcio sanguíneo disminuye, el cuerpo recurre a su principal reserva: los huesos. Es decir, “retira dinero” de esa cuenta para mantener el funcionamiento del organismo.
El depósito (formación ósea): es el proceso inverso, en el que el cuerpo incorpora minerales a la estructura del hueso para fortalecerla. Sin embargo, el médico advierte que existe una creencia extendida: pensar que consumir calcio es suficiente para que este automáticamente llegue a los huesos.
Según explica, si no existe el estímulo adecuado, ese calcio no se incorpora correctamente al tejido óseo y puede acumularse en otros lugares del organismo, como arterias, válvulas cardíacas o determinadas zonas del cerebro.
Los tres pilares para mejorar la densidad ósea
Para favorecer que los “depósitos” superen a las “extracciones”, el especialista destaca tres factores fundamentales.
1. Vitamina D, vitamina K y osteocalcina: el trinomio clave
Para que el calcio llegue al hueso y cumpla su función, deben actuar en conjunto distintos elementos:
Vitamina D: cumple un papel esencial en el metabolismo óseo, aunque el déficit de esta vitamina es frecuente en gran parte de la población.
Vitamina K: trabaja junto con la vitamina D y ayuda a dirigir el calcio hacia los tejidos donde debe utilizarse. Según el médico, suele recomendarse acompañar la suplementación con dosis cercanas a los 90-100 microgramos, dependiendo de cada caso.
Osteocalcina: es una proteína vinculada con la formación de nuevo tejido óseo. Sin su participación, el calcio no logra integrarse de manera adecuada en la estructura del hueso.
2. El estímulo mecánico: la importancia del ejercicio de fuerza
Uno de los factores que más favorecen la producción de osteocalcina es el ejercicio físico, especialmente el entrenamiento de fuerza.
La Rosa destaca que el estímulo principal aparece cuando los músculos ejercen tensión a través de los tendones sobre el hueso. Esa carga mecánica envía una señal al organismo para generar una mayor actividad de las células llamadas osteoblastos, responsables de formar nuevo tejido óseo.
Por ese motivo, recomienda realizar ejercicios de fuerza con cargas adaptadas a las capacidades de cada persona, utilizando pesos adecuados, pocas repeticiones y siempre cuidando la técnica y la postura.
3. Evitar una resorción ósea excesiva
Además de favorecer la formación de hueso, también resulta importante controlar una pérdida acelerada de minerales.
Para ello, el médico recomienda mantener un adecuado equilibrio del organismo y garantizar niveles suficientes de calcio en sangre, evitando que el cuerpo deba recurrir constantemente a las reservas óseas.
La osteoporosis no es inevitable con la edad
Sebastián La Rosa sostiene que comprender estos mecanismos permite cambiar la mirada sobre el envejecimiento óseo. Según su planteo, una persona puede llegar a los 75 u 80 años con una densidad ósea normal si mantiene los estímulos y condiciones necesarias para conservar la salud de sus huesos.
De esta manera, la osteoporosis deja de verse como un destino inevitable y pasa a entenderse como un proceso que puede prevenirse mediante hábitos adecuados a lo largo de la vida.