La reflexión fue compartida por Rolón durante su participación en el ciclo conducido por Perros de la Calle, y retomó conceptos vinculados con la relación entre el cuerpo, la experiencia y la dimensión psíquica.
Gabriel Rolón y una comparación para explicar cómo se pierde el tiempo
Para desarrollar su planteo, Rolón recurrió a una comparación sencilla. El psicoanalista vinculó el paso del tiempo con las millas acumuladas en un sistema de beneficios que tienen una fecha de vencimiento.
“Es como no usar las millas: si no las usás, se vencen”, explicó.
A partir de esa imagen, buscó transmitir que existe una diferencia entre tener tiempo disponible y participar activamente de aquello que ocurre durante ese período.
La cuestión no pasa solamente por la cantidad de horas que tiene una persona a disposición, sino por la forma en que las atraviesa. El tiempo no queda guardado para más adelante. Una jornada que transcurrió no puede recuperarse de la misma manera al día siguiente.
Rolón continuó con su explicación y señaló: “Cuando te das cuenta, hay un montón de tiempo que se te pasó, vos no lo usaste y se fue igual”.
La frase apunta a una situación que puede aparecer en distintos momentos de la vida: mirar hacia atrás y descubrir que determinados períodos pasaron casi sin registro.
No necesariamente se trata de grandes acontecimientos. También puede ocurrir en medio de la rutina, entre obligaciones laborales, responsabilidades familiares, preocupaciones personales y actividades repetidas. El calendario avanza incluso cuando la persona siente que está esperando que algo comience.
En ese sentido, la reflexión de Rolón puso el foco en una diferencia entre atravesar el tiempo y sentirse parte de la propia experiencia.
La diferencia entre estar físicamente y estar presente desde lo psíquico
Uno de los puntos centrales de la intervención estuvo relacionado con la desconexión entre el cuerpo y la dimensión psíquica.
El cuerpo puede continuar con su recorrido cotidiano: levantarse, trabajar, estudiar, trasladarse, conversar, comer, descansar y cumplir con distintas responsabilidades. Sin embargo, según el planteo de Rolón, eso no necesariamente significa que la persona esté involucrada subjetivamente con aquello que está viviendo.
“Eso es lo que es peligroso de ir el cuerpo por un lado sin estar uno estando allí de verdad”, sostuvo.
La idea introduce una distinción importante. Estar presente físicamente en un lugar no significa necesariamente estar involucrado con lo que ocurre en ese momento.
Una persona puede compartir una conversación y estar pensando en otra situación. Puede encontrarse de vacaciones y permanecer pendiente de problemas laborales. Puede estar junto a familiares o amigos y, al mismo tiempo, sentir que su atención está completamente concentrada en preocupaciones futuras o acontecimientos pasados.
La reflexión de Rolón apunta precisamente a esa distancia.
Desde su perspectiva, la experiencia humana no está compuesta únicamente por lo que hace el cuerpo. También interviene la manera en que cada individuo procesa, registra y significa aquello que le sucede.
Por eso, la frase sobre el tiempo adquiere otra dimensión: no se trata simplemente de administrar mejor una agenda, sino de preguntarse qué lugar ocupa cada persona dentro de su propia experiencia cotidiana.
La referencia a Freud: “El yo es, antes que nada, un yo corporal”
Para profundizar su explicación, Rolón recurrió a una referencia directa a Sigmund Freud.
“Porque todos somos, antes que nada —esto es Freud puro—: ‘El yo es, antes que nada, un yo corporal’”, señaló durante la entrevista.
La frase permitió trasladar la conversación desde el concepto cotidiano del tiempo hacia una cuestión vinculada con el funcionamiento psíquico.
En el planteo recuperado por Rolón, el cuerpo no aparece como una dimensión separada de la vida mental. Por el contrario, constituye un componente fundamental de la experiencia del yo.
La persona siente, percibe y atraviesa diferentes estados a través de su cuerpo. El cansancio, el dolor, el bienestar, la tensión o el placer pueden modificar la manera en que se experimenta una determinada situación.
Por eso, Rolón explicó que lo que sucede en el cuerpo tiene consecuencias sobre la experiencia subjetiva.
“Es decir, todos habitamos dentro de un cuerpo y lo que le pasa a nuestro cuerpo va a ser de influencia, si te sentís mal igual que si te sentís bien o si estás enferma”, afirmó.
La observación permite entender por qué el cuerpo ocupa un lugar central dentro de su reflexión. No se trata solamente de una estructura física que permite realizar actividades, sino de una dimensión inseparable de la manera en que cada persona vive su existencia.
El cuerpo también habla de lo que estamos atravesando
A lo largo de la vida, las personas atraviesan situaciones capaces de producir diferentes respuestas corporales. El cansancio después de una jornada extensa, la tensión ante una situación de incertidumbre o la sensación de bienestar después de un momento agradable son ejemplos de cómo la experiencia física y la emocional pueden estar relacionadas.
En ese marco, el cuerpo puede convertirse también en una forma de registrar aquello que sucede.
La reflexión de Rolón propone no perder de vista esa dimensión, pero al mismo tiempo advierte que prestar atención al cuerpo no significa ignorar el componente psíquico.
Por el contrario, ambas dimensiones forman parte de una experiencia más amplia.
Sentir el cuerpo y reconocer lo que ocurre internamente pueden convertirse en formas de tomar contacto con el presente.
Ese punto es especialmente importante en una época marcada por la velocidad y la multiplicación de estímulos. Las personas pueden pasar de una actividad a otra sin detenerse demasiado a registrar cómo se sienten o qué están pensando.
El problema señalado por Rolón no estaría entonces únicamente en tener una agenda demasiado cargada. También puede aparecer cuando la persona deja de participar subjetivamente de aquello que hace.
“Estoy acá y estoy acá puesto”: la otra parte de la presencia
Hacia el final de su intervención, Rolón planteó que la presencia requiere algo más que el simple hecho de estar en un determinado lugar.
“Pero muchas veces a ese cuerpo tenemos que estar presentes desde otro lugar también, desde el lugar psíquico: ‘Está bien, estoy acá y estoy acá puesto’”, sostuvo.
La expresión resume buena parte de la reflexión que desarrolló durante la entrevista.
Estar “acá” no sería únicamente una cuestión espacial. También implicaría reconocer el momento que se está atravesando y asumir una participación subjetiva en él.
La diferencia puede parecer pequeña, pero modifica el sentido de la experiencia.
No es lo mismo atravesar automáticamente una jornada que registrar qué está ocurriendo durante ella. Tampoco es igual cumplir con una actividad mientras la atención permanece completamente absorbida por otra preocupación que poder conectar con el momento presente.
La propuesta de Rolón gira alrededor de esa idea: hacer lugar a la propia experiencia mientras sucede, en lugar de descubrir mucho tiempo después que una etapa completa pasó casi sin haber sido registrada.
El tiempo continúa aunque una persona no se detenga a mirarlo
Uno de los aspectos más fuertes de la reflexión es que el paso del tiempo no depende de la voluntad individual.
Una persona puede postergar una decisión, evitar una conversación, mantenerse atrapada en una preocupación o simplemente dejar pasar los días. Sin embargo, el calendario no se detiene.
Esa característica diferencia al tiempo de muchos otros recursos. Una tarea pendiente puede retomarse. Un objeto puede guardarse para utilizarlo más adelante. Incluso determinadas oportunidades pueden volver a presentarse.
Pero un día que ya pasó no puede recuperarse exactamente como fue.
De allí surge la comparación utilizada por Rolón con las millas: si no se utilizan, se vencen. El tiempo, en cambio, no necesita siquiera una decisión para continuar avanzando.
La frase “La vida se lleva tu tiempo aunque vos no lo uses” funciona así como una síntesis de toda su intervención.
No plantea solamente una cuestión relacionada con la productividad o con aprovechar cada minuto. La reflexión apunta hacia algo diferente: la necesidad de reconocer que la vida está ocurriendo mientras cada persona atraviesa sus actividades cotidianas.
Una reflexión sobre la propia vida y el presente
La intervención de Gabriel Rolón dejó como eje una pregunta que excede cualquier fórmula para organizar mejor el tiempo: ¿cuánto de nuestra propia vida estamos realmente habitando?
La pregunta no apunta necesariamente a realizar más actividades ni a llenar cada espacio libre. Tampoco supone que cada minuto deba ser productivo.
Por el contrario, el planteo puede leerse desde otro lugar: estar presente también significa registrar lo que uno siente, reconocer lo que está atravesando y darle un lugar psíquico a la experiencia.
En la conversación, Rolón vinculó esa idea con el cuerpo y con la tradición psicoanalítica de Freud. El cuerpo forma parte de la construcción del yo y las experiencias corporales influyen en la manera en que una persona se relaciona con aquello que vive.
Pero, al mismo tiempo, la presencia requiere una dimensión psíquica.
De allí que su mensaje no se reduzca a una recomendación sobre cómo utilizar mejor las horas del día. El tiempo va a avanzar de todos modos. La cuestión, según la reflexión planteada por el psicoanalista, es qué ocurre mientras ese tiempo transcurre.
La vida cotidiana puede estar llena de actividades, responsabilidades y obligaciones. Pero entre todas ellas también existe un espacio para registrar dónde está cada persona, qué está sintiendo y qué significado tiene aquello que está atravesando.
En definitiva, el cuerpo puede estar presente, pero la invitación de Rolón consiste en que también esté presente la persona desde el plano psíquico.
Y es allí donde vuelve a cobrar sentido su frase inicial: “La vida se lleva tu tiempo aunque vos no lo uses”.
Porque los días continúan, las etapas cambian y los años avanzan. El desafío que planteó durante su participación en Perros de la Calle no consiste necesariamente en hacer más, sino en estar verdaderamente allí mientras la propia vida sucede.