A esto se suma que, después de varias horas sin ingerir líquidos, la sangre puede presentar una mayor viscosidad. Al mismo tiempo, las plaquetas, células involucradas en la coagulación, tienen una mayor actividad durante la mañana, lo que puede favorecer la formación de coágulos en personas con arterias afectadas por placas de grasa.
Cómo reducir el riesgo de infarto durante la mañana
Para que la transición entre el sueño y la actividad sea gradual, el especialista recomienda:
Evitar despertarse de golpe. Las alarmas con sonidos muy intensos pueden generar una respuesta brusca del organismo. Un despertar progresivo permite una adaptación más adecuada.
Moverse antes de levantarse. Estirarse y realizar movimientos suaves en la cama antes de ponerse de pie ayuda a evitar un cambio repentino de posición.
Tomar agua al comenzar el día. La hidratación contribuye a compensar la pérdida de líquidos durante la noche y ayuda a reducir la viscosidad de la sangre.
Evitar duchas demasiado frías al levantarse. El contraste térmico puede representar un estímulo intenso para el sistema cardiovascular. Se recomienda optar por temperaturas moderadas.
Revisar el tratamiento para la presión arterial. En personas hipertensas, es importante confirmar con el médico que la medicación tenga cobertura durante las 24 horas y controle el aumento de presión que suele producirse por la mañana.
Elegir el horario de ejercicio según cada caso. Quienes presentan factores de riesgo o presión no controlada pueden evaluar entrenar por la tarde. En personas sanas y con controles adecuados, la actividad física matutina no representa un problema.
Cuáles son los síntomas de un infarto
Los principales signos de alarma son:
- Dolor u opresión en el pecho.
- Molestia que se extiende al brazo, cuello, mandíbula o espalda.
- Falta de aire.
- Sudor frío.
- Náuseas.
- Mareos o desmayo.
Aunque el riesgo es mayor durante la mañana, un infarto puede ocurrir en cualquier momento del día. Mantener controlados factores como la presión arterial, el colesterol, la diabetes y el tabaquismo continúa siendo una de las principales herramientas para reducir el riesgo de infarto.