“Yo no sé si hubiese sido mamá si no tendría la vida que tengo yo para tener un hijo y no poder darle todos los gustos, de decir: ‘Te compro esto, te doy esto, te llevo al mejor colegio’. Yo quizás no lo hubiese hecho”, confesó.
La reflexión abrió una cuestión todavía más profunda. Para Bonino, hablar de maternidad implica también hablar de las condiciones en las que una persona debe criar, del acompañamiento que recibe y de la enorme carga mental que puede recaer sobre una mujer.
“Yo te hablo personalmente y porque es muy difícil mentalmente ser madre. Si yo no tuviese una ayuda, ¿cómo hago?”, planteó.
En ese punto, la pareja de Valverde decidió correrse por un momento de su propia realidad para poner el foco en otras mujeres que atraviesan la maternidad sin las mismas herramientas.
“Te puedo hablar desde mi lugar de persona rica, con todas las necesidades cubiertas y más todavía porque tengo una vida que no es lo normal, no es lo típico”, reconoció.
Bonino incluso hizo referencia a las condiciones materiales en las que crecen sus hijos para remarcar la distancia entre su experiencia y la de muchas otras familias. “Mis hijos viven en una casa con piscina interior y eso no es lo normal. Entonces, yo te estoy hablando desde el privilegio”, sostuvo.
Pero lejos de utilizar esa diferencia para cerrar el debate, la convirtió en el punto de partida de una pregunta mucho más incómoda.
La periodista puso como ejemplo a las mujeres que crían solas, a quienes no tienen cerca a sus familias, a quienes decidieron ser madres solteras y a aquellas que enfrentan dificultades económicas para llegar a fin de mes.
“Vos imaginate las mujeres solteras que quizás no tienen marido o las que también eligen ser madres solteras, que tienen a la familia lejos, la gente que no llega a fin de mes, que no puede tener una casa propia, que no tiene su alquiler, o sea, que llega con lo justo”, enumeró.
Y entonces lanzó la frase que resume el planteo que generó la polémica: “¿Cómo le explicás a esa gente que la maternidad es lo mejor del mundo?”
La declaración de Mina Bonino no fue solamente una crítica a la maternidad, sino una reflexión sobre la enorme diferencia que puede existir entre idealizarla y vivirla. Su planteo apuntó especialmente a las condiciones materiales y emocionales que rodean a cada mujer cuando decide tener hijos.
La modelo habló desde una realidad económica privilegiada y fue justamente esa aclaración la que atravesó buena parte de su discurso. En lugar de presentar su experiencia como universal, admitió que cuenta con recursos y ayuda que modifican radicalmente su manera de vivir la crianza.
Así, una frase que inicialmente podía sonar como una provocación terminó convirtiéndose en una reflexión mucho más amplia sobre la presión social alrededor de la maternidad y la idea instalada de que ser madre necesariamente debe ser “lo mejor del mundo”.
Y, como suele ocurrir cada vez que se pone en discusión uno de los grandes mandatos sociales, la frase de Bonino dejó una pregunta abierta que promete seguir generando debate.