No tires más la yerba del mate, tenés un tesoro en tu casa: el método casero para reutilizarla. (Foto: Archivo)
"No tires más la yerba": en miles de hogares argentinos, esa frase empezó a circular como advertencia y también como oportunidad. Durante años, la yerba mate usada terminó en la basura sin mayor reflexión. Sin embargo, un método casero cambió esa lógica cotidiana y abrió una nueva forma de pensar el descarte doméstico.
La propuesta fue simple, accesible y profundamente ligada a la cultura local: reutilizar la yerba mateusada para fabricar macetas 100% biodegradables, resistentes y listas para ir directo a la tierra.
Los materiales necesarios para poner el método en práctica
Harina común.
Yerba mate usada y húmeda.
Yerba mate seca.
Agua caliente.
Un chorrito de vinagre.
Un bol para mezclar.
Un molde y film plástico.
Cada uno de estos elementos cumplió una función específica dentro del proceso. La combinación permitió lograr una estructura firme, capaz de sostener una planta durante sus primeras etapas de crecimiento.
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Cómo se prepara la mezcla paso a paso
El primer paso consistió en preparar un engrudo casero. Para eso, se mezcló agua caliente con harina hasta obtener una pasta espesa y homogénea. Esa base actuó como aglutinante natural y dio cohesión a la mezcla final.
Una vez listo el engrudo, se colocó en un bol amplio. Allí se incorporó la yerba mate húmeda, previamente escurrida, y luego la yerba seca. La proporción necesitó ser equilibrada, de modo que la masa no quedara ni demasiado blanda ni excesivamente seca.
El paso clave llegó con el agregado del vinagre: ese “chorrito” cumplió un rol fundamental porque inhibió la formación de hongos durante el secado y permitió que la maceta se conserve en buen estado hasta su uso.
El moldeado y el secado: dos momentos decisivos
Con la masa lista, el siguiente paso fue el moldeado. Se recomienda cubrir previamente el molde con film plástico para evitar que la preparación se adhiera. Luego, se distribuyó la mezcla con una cuchara grande, presionando bien los bordes para asegurar firmeza.
Uno de los detalles más importantes fue la realización de un agujero en la base de la maceta. Ese orificio funcionó como drenaje y resultó clave para evitar el exceso de humedad cuando se colocara la planta. El secado se realizó al sol. El único cuidado necesario fue protegerla de la lluvia, ya que la humedad excesiva podía arruinar el proceso y favorecer la aparición de moho.
Tras varias horas (o incluso días, dependiendo del clima), la maceta quedó lista para su uso. El resultado fue un recipiente rígido, liviano y completamente biodegradable.
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Una maceta que va directo a la tierra
Una de las principales ventajas del método fue su impacto positivo en el trasplante. Al ser biodegradable, la maceta no necesitó retirarse al momento de plantar. Pudo colocarse directamente en la tierra, donde se degradó de manera natural con el tiempo.
Este detalle redujo el estrés de las plantas durante el trasplante y evitó la generación de residuos plásticos. En huertas urbanas y jardines familiares, la técnica comenzó a aplicarse para almácigos, plantas aromáticas y flores de estación.
La consigna que se instaló en los hogares
Con el paso de las semanas, la idea de no tirar más la yerba se volvió una consigna práctica, fácil de aplicar y con resultados visibles. Jardines más verdes, menos residuos y una nueva mirada sobre lo que antes se descartaba sin pensar.
Cada maceta biodegradable hecha en casa se convirtió en un pequeño gesto de impacto positivo. Cada experimento replicado reforzó la idea de que las soluciones sustentables no siempre requieren grandes inversiones, sino creatividad y conocimiento compartido.
El método casero demostró que, incluso en acciones simples, se pueden generar cambios significativos. La yerba mate, protagonista silenciosa de la vida diaria, encontró así una segunda oportunidad.