El DSM-5 establece que para diagnosticar anorgasmia, la dificultad debe ser persistente o recurrente durante al menos seis meses y generar malestar clínico o afectar la vida íntima.
La Sociedad Internacional de Medicina Sexual (ISSM) coincide en que la disfunción debe ser un patrón prolongado, no episodios aislados.
No llegar ocasionalmente puede explicarse por estrés, cansancio, falta de comunicación, presión o cambios físicos temporales.
Posibles causas de la anorgasmia
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Las causas pueden ser muy variadas y, a menudo, múltiples factores actúan simultáneamente. Entre ellas se destacan:
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Causas físicas o biológicas: desequilibrios hormonales (como los de la menopausia o el hipotiroidismo), enfermedades neurológicas (esclerosis múltiple, neuropatías), diabetes y problemas vasculares que afectan la sensibilidad, medicamentos (principalmente antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, ISRS) y cirugías pélvicas que alteran la anatomía o sensibilidad.
Factores psicológicos o emocionales: estrés crónico, ansiedad, depresión, traumas sexuales previos y educación sexual represiva. También influyen el miedo al “fracaso” sexual, la presión para alcanzar el orgasmo y la desconexión con el propio cuerpo.
Factores relacionales o contextuales: falta de comunicación con la pareja, conflictos afectivos, falta de confianza, estímulo sexual inadecuado o rutina. La vergüenza, los tabúes culturales o creencias religiosas que inhiben el placer también contribuyen.
Anorgasmia: ¿ayuda la masturbación?
La mejora en la anorgasmia es posible en la mayoría de los casos mediante un abordaje integral que incluya terapia sexual o psicoterapia para tratar ansiedad, bloqueos o traumas; educación sexual que fomente el autoconocimiento y el respeto al propio cuerpo; evaluación médica para descartar causas físicas o ajustar medicación; y ejercicios de consciencia corporal y técnicas sensoriales que reconectan con el placer.
Dentro de este marco, la masturbación es una herramienta recomendada y respaldada por evidencia científica. Facilita el autoconocimiento corporal al permitir explorar zonas erógenas y estímulos personales, fundamentales para mejorar la respuesta sexual y alcanzar el orgasmo. Además, practicar la masturbación ayuda a reducir la ansiedad y la presión vinculadas al desempeño sexual, al realizarse en un contexto privado y sin expectativas externas. También contribuye a mejorar la comunicación sexual con la pareja, al permitir expresar con mayor claridad lo que resulta placentero.
Por estas razones, especialistas en terapia sexual suelen incluir ejercicios de masturbación consciente dentro de los tratamientos para la anorgasmia.