La fiebre que se intensifica durante la noche es una experiencia frecuente en procesos infecciosos y no responde a un hecho aislado. Se trata de un mecanismo de defensa del organismo que se activa frente a virus o bacterias.
El aumento de la temperatura corporal durante la noche es un fenómeno frecuente en cuadros infecciosos.

El aumento de la temperatura corporal durante la noche es un fenómeno frecuente en cuadros infecciosos.
La fiebre que se intensifica durante la noche es una experiencia frecuente en procesos infecciosos y no responde a un hecho aislado. Se trata de un mecanismo de defensa del organismo que se activa frente a virus o bacterias.
Según MedlinePlus, se considera fiebre cuando la temperatura corporal alcanza o supera los 38 °C medida de forma rectal, los 37,5 °C por vía oral o los 37,2 °C en la axila.
Lejos de ser una enfermedad en sí misma, este aumento de temperatura está influido por el ritmo circadiano, que regula distintas funciones del cuerpo a lo largo del día.
En condiciones normales, la temperatura corporal no se mantiene fija. Durante la madrugada alcanza sus valores más bajos, mientras que hacia la tarde y la noche se eleva de manera natural. Cuando aparece una infección, la fiebre se suma a ese aumento fisiológico, lo que hace que el malestar se perciba con mayor intensidad en las últimas horas del día.
Este proceso está controlado por el hipotálamo, que funciona como un termostato del organismo. Ante la presencia de gérmenes, eleva el punto de ajuste de la temperatura para dificultar su reproducción. Sin embargo, el incremento nocturno también está potenciado por cambios hormonales.
Uno de los factores centrales es el cortisol, una hormona con efecto antiinflamatorio que regula la respuesta inmune. Durante el día sus niveles son más altos, pero por la noche disminuyen, lo que libera al sistema inmune y potencia su actividad.
Esa caída del cortisol favorece una mayor producción de interleucinas, proteínas que coordinan la defensa del organismo. A su vez, estas estimulan la liberación de prostaglandinas, responsables de elevar la temperatura corporal. Como resultado, la fiebre aparece o se intensifica durante la noche.
Este patrón también fue observado en la práctica clínica. Un estudio publicado en 2020, que analizó más de 357.000 mediciones de temperatura en servicios de emergencia de Estados Unidos, determinó que la incidencia de fiebre fue 2,5 veces mayor entre las 19 y 21 horas en comparación con la mañana, mientras que los cuadros más altos fueron poco frecuentes en las primeras horas del día.
En este contexto, el descanso nocturno también influye, dado que el cuerpo concentra sus recursos en la respuesta inmunológica. Por eso, aunque el aumento de la fiebre nocturna puede generar preocupación, en muchos casos indica que el organismo está reforzando sus defensas.
Se recomienda consultar al médico si la temperatura supera los 39,5 °C, si no responde a medicamentos como paracetamol o ibuprofeno, si se prolonga más de tres o cuatro días o si se acompaña de síntomas como dificultad para respirar, confusión, vómitos persistentes o rigidez de cuello. También requiere control en bebés pequeños o personas con defensas bajas.
Para el manejo diario, se aconseja controlar la temperatura, mantener una buena hidratación, descansar, usar ropa liviana y mantener el ambiente fresco.