Sin embargo, detrás de esa rutina aparece una cuestión que sigue generando interrogantes. La relación con su hermano, Ova Sabatini, quedó marcada por una distancia que se hizo pública cuando Gabriela no asistió al casamiento de Oriana Sabatini y Paulo Dybala, celebrado en julio de 2024. Desde entonces, el vínculo familiar quedó bajo la lupa y, hasta el momento, no hubo señales públicas contundentes de una reconciliación.
En abril de este año, Oriana se refirió a la situación y dejó una frase que llamó la atención: “No hablamos más, pero no por decisión mía”. La cantante aclaró que no tenía un problema personal con su tía, aunque reconoció que el diálogo entre ambas se había interrumpido. También expresó su disposición a compartir tiempo con las personas que quisieran formar parte de su vida.
Meses después, Catherine Fulop también habló sobre la falta de acercamiento y reveló que el nacimiento de Gia, la hija de Oriana y Paulo Dybala, no había modificado el escenario. “No quiero hablar de ella ni de eso porque no hubo ninguna señal”, sostuvo al ser consultada por su cuñada. De todos modos, dejó abierta la posibilidad de reconstruir el vínculo, aunque consideró que todavía había una conversación pendiente.
Así, Gabriela Sabatini disfruta de una nueva etapa a los 56 años, con el deporte como compañero y una vida repartida entre distintas ciudades, lejos de la exposición permanente que conoció durante su carrera. Mientras continúa vinculada al tenis y suma experiencias, el distanciamiento familiar permanece como una cuenta pendiente sobre la que ella, fiel a su reserva, evita dar detalles públicamente.