La ciudad de Cosquín no duerme. El silencio del cementerio local se vio roto por los gritos de una tragedia que nadie puede explicar, pero que todos lamentan entre lágrimas y bronca. Lara Monzón Molina, una pequeña de apenas 4 años, encontró la muerte de la forma más cruel imaginable: bajo las mandíbulas de un animal en un terreno baldío que se convirtió en una trampa mortal.
