Hace unos años no se podía lograr acuerdos solo con que uno de los países participantes votara en desacuerdo con las medidas propuestas. El sistema es más flexible hoy, más versátil y mejor diseñado. Pero el tema principal sigue siendo ‘¿Acuerdo o No acuerdo?’.
Un poco como el Brexit, de hecho. Votar era lo sencillo, implementarlo es ya otro tema. Lograr el acuerdo antes del fin de la COP significa el éxito de la COP; como mínimo así se quiere presentar. Pero, lograr un acuerdo es solo el punto de partida.
Es solo una promesa, la parte realmente difícil es lograr aplicarlo. Es fácil tener a la opinión pública vitoreando un acuerdo. Otra cosa es, una vez finalizada la COP, pedir a los ciudadanos y empresas que hagan un esfuerzo y cambien sus costumbres, su manera de vivir, de comer, de desplazarse, de comprar, etc.
No debemos equivocarnos. La cumbre hace posible que durante casi dos semanas se hable de forma continuada de las problemáticas medioambientales que afronta nuestro planeta, algo muy positivo para remover conciencias.
Sin embargo, durante los pasados 24 años hemos podido comprobar cómo la capacidad de nuestros representantes políticos para impulsar el cambio real y necesario es muy limitada. La ausencia del presidente Trump en la próxima cumbre de Madrid, siendo Estados Unidos uno de los países con mayor emisión de gases de efecto invernadero, es otro de los síntomas del relativo alcance de estas cumbres.
Hay un cierto peligro en pensar que nuestros políticos van a solucionar por nosotros este asunto. El peligro es nuestro propio inmovilismo. Dejamos el problema en las manos de nuestros políticos, en vez de ser nosotros mismos los actores del cambio. Eso, para mí, es el gran riesgo de la cumbre: nos quita como ciudadanos la responsabilidad de actuar.
No dudo en que debemos seguir celebrando cumbres del clima que sirvan para dar visibilidad a los retos ambientales actuales y los que están por llegar. Sin embargo, creo que un cambio de mentalidad es absolutamente necesario y que éste debería estar abanderado por nosotros, los ciudadanos. Debemos abordar el problema con nuestras propias manos y no esperar a que el cambio suceda mientras apostamos todo a la misma moneda: nuestros políticos.
Entre todos, deberíamos buscar una manera más eficiente de celebrar estas cumbres, empezando por acabar con las promesas políticas que crean la falsa ilusión de que el cambio ya está en camino. Deberíamos apostar por que los países puedan compartir en estas cumbres las buenas prácticas ambientales que hayan ya realizado durante el año y, de este modo, inspirar a otros países a ser medioambientalmente más sostenibles.
No se debería debatir sobre cifras para el 2050, sino de maneras para implementar medidas, aunque éstas puedan no ser muy populares cuando llegue el momento de aplicarlas ya que requieren de esfuerzo y sacrificio. Creo que es tiempo de plantar batalla al cambio climático. Una batalla requiere esfuerzos, una nueva forma de patriotismo mundial en la cual cada uno esté dispuesto a cambiar su estilo de vida por uno más sostenible.
*Maxime Renaudin es el Fundador y Director de Tree-Nation, la plataforma de reforestación online con el mayor número de proyectos de plantación y 5 millones de árboles plantados en 4 continentes.