Las encuestas de ODSA también incluyeron preguntas sobre trabajo no remunerado, o sea, aquellas tareas tan necesarias para la economía como el empleo pero que no tienen reconocimiento social ni remuneración económica.
Esto permite juntar las tasas de actividad en el mercado laboral con las del trabajo no remunerado. Así surge la tasa de actividad integrada, o sea, la porción de población mayor a 18 años que trabaja de manera remunerada o no, o aquella que busca trabajo. Esto permite ver que las mujeres participan más que lo varones en el proceso general de reproducción social, ya que la tasa de las mujeres siempre es mayor.
Al excluir a quienes buscan pero no tienen trabajo, quedan aquellos que realizan doble jornada: después del trabajo remunerado se dedican al trabajo no remunerado. Allí, una vez más, las mujeres tienen una participación superior. De hecho, casi todas las mujeres que trabajan realizan una segunda jornada no remunerada. En cambio, menos de la mitad de los varones que trabajan dedican tiempo a tareas no remuneradas.
Hecha la división, se puede ver que las mujeres triplican la participación de los varones en las tareas intensivas, mientras que la cuestión es pareja en las ocasionales. Finalmente, la participación femenina duplica la masculina en las tareas de cuidado. Como siempre, las brechas entre sexos son mayores para los habitantes del conurbano.
Efectivamente, en los jóvenes de 18 a 34 años, la tasa de trabajo no remunerado de los varones es menor que entre los mayores. Esto, a su vez, significa que la relación entre madres e hijos o hijas es desigual: "Si bien el estudio no fue pensado metodológicamente con ese enfoque, hay una alta probabilidad de que, para la mujer adulta, una mujer joven signifique alguien con quien compartir las tareas. Al menos cubre ese rol mucho más que un varón joven", sostuvo Salvia.
Esta entrega de trabajo no reconocida tiene una contrapartida en el bienestar subjetivo. Esto quiere decir que las mujeres se sienten peor que los varones, para lo que el grupo de investigación se basó en tres indicadores:
"Históricamente, estos análisis de bienestar subjetiva han devuelto más déficits en las mujeres, algo así como que las mujeres se sienten peor que los varones", sostuvo Tinoboras. Sin embargo, los investigadores destacaron que, al ver los resultados de la investigación, es notable cómo el malestar se reduce cuando solo se realiza trabajo remunerado.
En particular, las mujeres que solo realizan trabajo remunerado muestran un mayor bienestar que los varones de esa misma condición, mientras que esa tendencia se invierte cuando se trata únicamente del trabajo no remunerado.