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Qué es -y qué no es- el Diario de la Procrastinación

por Diego Geddes | 18 de marzo de 2019 - 16:09
Qué es -y qué no es- el Diario de la Procrastinación

Lunes

Los lunes no escribo el “Lunes”, así como tampoco el martes escribo el martes, ni el miércoles escribo el miércoles o el jueves escribo el jueves. Los viernes sí escribo los viernes, y también escribo los jueves, los miércoles, los martes y los lunes.

A veces durante la semana escribo alguna palabra como para recordar. A veces creo que me repito y ya escribí esto que quiero decir. Debe ser así: ya lo escribí pero lo quiero volver a decir.

¿Qué es el Diario de la Procrastinación? Algunos me dicen que podría ser un libro. Yo creo que debe ser un bodrio leer todo esto que vengo escribiendo de un tirón. "¿Vos no querés escribir ficción?", me preguntan.

Tengo una certeza: esto no es un diario íntimo. Repito. No es un diario íntimo aunque me dicen: me gusta leer para saber en qué andas, en qué pensas, así me entero cosas tuyas.

Yo digo: acá a veces escribo ficción, cuento cosas que no sucedieron. Escribo sueños que no ocurrieron, los modifico o directamente los invento. Inventar un sueño es lo mismo que soñarlo, pero mucho peor.

O a veces la estrategia es mucho más sencilla: simplemente cambio los días. Algo del lunes lo escribo como si fuera el martes, porque creo que queda mejor. Y eso ya es ficción. Pero ratifico: esto no es un diario íntimo (y esto lo escribo el viernes)

Martes 

Pongo en marcha el auto y no arranca, parece que no tiene batería. Si me pasaba el lunes era perfecto como metáfora de la semana. Podría hacer trampa (hacer ficción es hacer trampa) y llevarlo al lunes, aunque al fin de cuentas, creo que el lunes estuvo bien. Hay batería. 

Miércoles 

"Ojalá hubiera un 0-800 de dudas ortográficas", dicen en la redacción. Yo escucho y aporto: eso ya existe. La cuestión deriva en una nota publicada  acá y la situación me ubica en algo así como en una posición de sabiduría. Pero es una estupidez pensarlo así. En realidad es apenas una herencia: lo de llamar a la Academia Argentina de Letras para una consulta ortográfica se lo vi a otra persona, en otra redacción, y me quedó. Así es con todo, casi siempre: no hay superhéroes.

Empiezo Kryptonita, de Leo Oyola, un pendiente que pensé que nunca iba a leer. Avanzo con entusiasmo. Ojalá tuviera ese entusiasmo para leer Lolita. Me lo prometí para 2018 pero no pude. Lo encontré semiperdido en la casa de un amigo que lo iba a regalar. Me lo traje y sigue ahí, pendiente pero más cerca.  

Jueves 

Un perfil de Enrique Symns, un genio insoportable. Cómo no se lo dicen, todos aquellos que lo bancan pese a todo: "Basta Enrique, sos insoportable". Leo con bronca y también con admiración. El último párrafo me conmueve especialmente: siento que camino con Juan (el autor de la nota) y con Enrique, esa mañana, en ese campo. Nos acompañamos, pese a todo. 

"¿Todavía no arreglaste la batería?". Salgo a dar una vuelta con el auto para que se cargue. Me gusta ese sistema: andar para que se cargue. Esto no es un diario íntimo pero se le parece bastante. 

Leo en Twitter
"Ayer ví acá una historia de unos milicos que estaban al pedo en 1954 y subieron un busto de Perón y Evita a la punta del Aconcagua. Al año siguiente derrocan a Perón y va otro grupo de milicos a subir el Aconcagua para bajar los bustos". Y a continuación:

"Este tuit puede reemplazar todos los libros de historia argentina del siglo XX". 

Viernes

Leo y subrayo:

"En aquellos días se sentía coronado de gloria, porque el Evening News había impreso el último párrafo de una de sus cartas. Era acerca de los extranjeros que recibían asistencia médica gratuita en Gran Bretaña, algo que él no estaba dispuesto a subsidiar con sus impuestos. Llevaba consigo el recorte del diario en la billetera". 

(En "Prohibido morir aquí", de Elizabeth Taylor. 1971). Moraleja: alguien ya lo escribió antes, siempre.  

Ya transcurrió el 20% del año. Cambio la batería del auto, me reconforta la operación y el diálogo con el mecánico, pero pienso: ¿Pagar en cuotas es procrastinar una deuda?

Un libro no, pero me aferro a poder escribir un año entero: 52 ediciones del Diario de la Procrastinación. Esta es la 22 y a veces pienso que va a ser imposible. Habrá que transitarlo: no hay superhéroes. 

Algo que me dijeron y me gustó: el diario es una buena compañía. Me quedo con eso.

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