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Diario de la Procrastinación: La fricción acumulada

Diego Geddes
por Diego Geddes |
Diario de la Procrastinación: La fricción acumulada

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Lunes

A veces estamos demasiado tiempo buscando la felicidad y la felicidad aparece de modos muy extraños. Por ejemplo, en la autopista Buenos Aires – La Plata, con el sol en el espejo retrovisor, avanzo a una velocidad media y veo que voy a la misma velocidad que el tren que corre parelelo a la autopista. Algo en el haz de luz que me cruza por el capó y que va hacia el tren y se mantiene constante, además de la canción que voy escuchando, me provoca una sensación de bienestar impensada.

Trato de mantener la velocidad estable, serán unos 80 km/h de promedio, pero el efecto se diluye. Sin embargo, la sensación me acompaña el resto del día. No sé muy bien cómo explicarlo pero esa extraña conjunción sensorial de luz, música e imagen se queda para siempre conmigo.

Creo que todos buscamos lo mismo, no sabemos muy bien qué es y dónde está.

Martes

Otra sensación difícil de explicar: estoy en las hamacas con Benito, pero no me pide que lo hamaque fuerte sino que lo haga girar. Enredame papá enredame. Y ese pequeño acto insignificante de repente me sirve para recodar una sensación, ese último envión de la hamaca cuando se termina de desenredar, más fuerte que la vuelta que venía dando. Lo siento en el cuerpo, en la boca del estómago. Desenredame, Benito.

A veces los autitos de Beni y tienen la fricción acumulada. Los levanto del piso y las ruedas giran en falso unos diez o veinte segundos. Yo me quedo pensando que algo pasó ahí, una fuerza que estaba contenida se libera.

No tiene nada de malo no querer tener hijos, solo que hay un mundo de pequeñas cosas que se resignifican para siempre. Los que ya aman a sus hijos desde el momento en que nacen en realidad tienen un enorme problema de ansiedad. Se los ama cada día un poquito más, pero quizás el almanaque del amor no va de la mano del almanaque del niño. Pero como el tango, te espera, no te avisa, y no se va nunca más.

Miércoles

Soñé con víboras verdes y desperté por mi propio grito. En los sueños no hay voces, la voz llega para despertar al que sueña. Desperté por el grito y a mi alrededor todos dormían. Desperté y tenía una roncha en la mano. La picazón me resulta insoportable. Voy hasta el baño y me pongo Caladryl, ahora también conocido como la crema de Peppa Pig.

No hay bicho más traicionero que el mosquito, pica a los hijos que no pueden defenderse. Odio a los mosquitos. Los odio ahora más que antes que no tenía hijos. La paternidad se manifiesta de formas inesperadas. Hamacas, autos, mosquitos.

Jueves

Googleo sobre algunas historias familiares trágicas (un asesinato en el conurbano bonaerense, en los años 60) pero no encuentro nada. Hay otra historia familiar, todavía más atrás en el tiempo, que también suelo googlear. Un asesinato en los años 20, una fuga de un pueblo a otro. ¿Dónde está todo eso? Google aniquila la memoria. ¿Qué sabe el algoritmo de lo que nosotros nunca hablamos?

De los italianos aprendí que hay que hablar, si se puede a los gritos, si hay una pelea es mejor. Yo tengo un 50% italiano pero es como si no lo tuviera. Se impone el 50% inglés, el que no habla, el que esconde todo, el que evita el conflicto. El 50% italiano me vino fallado.

Cuando haces muchas cosas a la vez no estás haciendo nada con el corazón. Solo estás haciendo muchas cosas a la vez. Son como las ventanas en el navegador: mientras escribo esto, corto un video y corto una foto. Algo de todo lo que estoy haciendo seguro que me sale mal, aunque no hace falta poner el corazón para cortar una foto. Hace falta el corazón para sacar una foto.

Viernes

Los animales de Peppa Pig tienen un correlato entre nombre y animal. Siempre van con la misma letra, aunque es un chiste que se pierde con la traducción: Susy oveja es “Susy sheep”, “Danny el perro” es “Danny dog”, “Candy gata” es “Candy Cat”.

Esta es una información que uno también aprende con la paternidad. No sirve para nada, pero está bueno saberlo. Es como las métricas en el mundo del periodismo digital. Por ejemplo, casi nadie le da click a las canciones que pongo al final del newsletter. Como estrategia tendría que revisar eso que hago, pero sabés qué... a mi me gusta poner una canción al final y que la escuche quien la quiera escuchar. Soy un boludo igual, pero un boludo con métricas, un boludo gánico, como Federico Peralta Ramos. Hago lo que tengo ganas.

Camino por Buenos Aires. Una parte de la calle Santa Fe está cortada y eso genera un quilombo de tránsito fabuloso. Uno de los que trabaja en la obra pincha una ristra de chorizos recién asada. Camina por el contracarril de Santa Fe y me dan ganas de sacarle una foto, pero no me animo. Hago lo que puedo.