“Yo me preocupo por los clientes, obviamente tengo precios bárbaros”, reconoció pero también aclaró que es difícil: “La estoy luchando. Hay veces que ni duermo, pero la sigo luchando y la voy a seguir luchando y jamás en mi vida voy a bajar los brazos”.
“Que hagan lo que quieran con el país, pero se tienen que dar cuenta. Me da pena por la gente. Me da pena que venga un jubilado a sacar sus monedas para pagarte un churrasco 800 pesos”, dijo completamente quebrado por la situación que a diario observa en el comercio, con la tristeza que le genera ver que su habitual clientela no puede darse "el lujo" de comprar la comida que desea.
“No soy argentino, soy uruguayo, pero tengo 30 años acá, tengo hijos, tengo nietos, no tiene nada que ver la nacionalidad”, dijo y concluyó, entre bronca y tristeza: “No podemos bajar los brazos. ¿Qué, vamos a dejar que estos delincuentes nos maten?”.