Entonces, ¿puede un rótulo informativo competir con todo lo otro que nos pasa por la cabeza en el momento de elegir qué voy a comer? La respuesta, según Fros Campelo, y de acuerdo a la evidencia disponible, es que “el deseo y las experiencias previas pueden pasarle por arriba a la valoración de rótulos informativos”. Y agrega al respecto que “la atención que prestamos o no a las cosas también debe ser considerada –como parte de todos esos componentes de nuestras decisiones- a la hora de diseñar políticas públicas.
Respecto de este modelo de etiquetado, Fros Campelo explica que con el paso del tiempo nos vamos acostumbrando, hasta naturalizar el etiquetado de modo que nos resultaría indiferente o indistinto. Así, los sellos negros de advertencia no promoverían cambios de consumo o en los estilos de vida”.
“Las advertencias pueden promover cambios de hábitos sólo si se las acompaña de otros estímulos como educación nutricional permanente”, señala. Es decir, las advertencias por sí solas no promueven cambios de hábitos, el abordaje debe ser integral. Podría ser convocante para la normativa no sólo que el exceso de nutrientes críticos fueran motivo de símbolos de advertencia negativa, sino también que la presencia de nutrientes esenciales fueran motivo de símbolos de valoración positiva.
Al respecto, señala un ejemplo: “Supongamos que un cambio de comportamiento que buscamos es que un consumidor reduzca su consumo de azúcar o de sodio. Si tanto un queso con -por ejemplo- 50 mg de sodio por cada 30g (1 rebanada) como otro con 100 mg se llevan ambos el sello negro de <Exceso en Sodio>, la advertencia no estimula el cambio de comportamiento. Tampoco sería lo mismo que consumiera 100 ml (medio vaso) de gaseosa con que contuviese 7 gramos de azúcar, o bien el mismo volumen de yogur que contuviese esos mismos 7 gramos de azúcar. ¡No sería lo mismo ni siquiera cuando ambos productos estuvieran rotulados con el sello <Exceso en azúcares>. Porque, entre otras cosas, el yogur aporta esas proteínas, vitaminas y calcio, mientras que la gaseosa no”.
Federico Fros Campelo dijo que cuando pase la novedad de los sellos y se naturalicen, las personas tal vez sigan consumiendo lo mismo de siempre sin variar sus hábitos, pero con el agravante de considerar que todo es genéricamente malo. “Esta posible narrativa interna de las personas es la narrativa a la que más le temo, porque nos haría retroceder casilleros, cuando lo que queremos es seguir avanzando hacia una mejor alimentación”, concluyó.