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Facebook, los Kentukis y la literatura de todos los días

por Diego Geddes | 04 de febrero de 2019 - 12:26
Facebook, los Kentukis y la literatura de todos los días

El calor total. Espero en mi casa a que me llegue una valija que quedó varada en Santiago de Chile. Tengo tiempo para leer o ver series: decido abandonar Kentukis, de Samanta Schweblin, y empiezo a ver "Sunderland till I die", una serie de Netflix sobre el destino de un club inglés que ha descendido.

Es fácil empatizar con casi todo lo que pasa, pero elijo una escena: una hincha cuenta que cada vez que llega al estadio toca el botín de la estatua de un histórico goleador del equipo. “Sé perfectamente que no influye en el resultado del partido, pero simplemente no puedo dejar de hacerlo”.

Mientras espero, y después de ver cuatro capítulos al hilo, hago algunos trámites con la compu. En realidad me la paso reestableciendo contraseñas. Ya pasaron casi 20 años del 2000 y a esta altura estoy un poco decepcionado: pensé que el mundo iba a ser un lugar un poco más sofisticado.

Una chica en la bicisenda pasa cantando una de Los Piojos. Como la música funciona por contagio, cambio lo que estaba escuchando y pongo Tercer arco. Algunos temas envejecieron muy mal, pero hay algo que todavía funciona.

Pienso si la memoria y los recuerdos son la misma cosa.

En el subte se me ocurre una idea: un reality show con los vendedores del transporte público. Les das un objeto cualquiera (un sapo, por ejemplo) y cada participante tiene que convencer a un jurado. “Vean este sapito, ideal para matar mosquitos y combatir el dengue. Señora, señor, no pierda esta oportunidad de combatir una plaga sin contaminar con aerosoles tóxicos su jardín”. Son todos buenos personajes y habría empatía con la clase media que usa bondi, tren y subte.  

Sé que podría funcionar pero mi ego tiene la presión baja. A cierta edad ya entendés que el concepto “tener una idea” está sobrevaloradísimo y que lo verdaderamente difícil es poder concretarla.

Escuchando “Paloma” me acuerdo de otro gran proyecto nunca concretado: el Atlas universal de toda la gente que conocí (como el diccionario de los jugadores que sacó Olé o el Pueblo a Pueblo de Clarín, dos obras monumentales).

En Facebook leo de corrido tres textos hermosos: Ezequiel Martínez recuerda a su padre (Tomás Eloy Martínez), a nueve años de su muerte. Funes relata en tiempo real cómo se las arregla con sus dos hijos (su mujer está de viaje). Y el más conmovedor de todos: Cecilia Fanti recuerda a su madre al tiempo que cursa su embarazo.

Fanti juega con una idea poderosa y vital: “Cuando yo nací ya tenía conmigo todos mis óvulos, entonces hubo un tiempo en que , de alguna forma incorpórea, conceptual e incluso mágica, estuvimos los tres juntos. Mamá, Pedro (así va a llamarse) y yo convivimos de una manera potencial, abstracta, tanto como puede serlo el amor o los lazos familiares en sí mismos”.

Busquen “incorpórea” en el diccionaro y vean si les emociona la definición. Ni Kentukis ni nada: Facebook es la literatura que consumo. 

*Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación", de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte  acá.  

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