Pienso si la memoria y los recuerdos son la misma cosa.
En el subte se me ocurre una idea: un reality show con los vendedores del transporte público. Les das un objeto cualquiera (un sapo, por ejemplo) y cada participante tiene que convencer a un jurado. “Vean este sapito, ideal para matar mosquitos y combatir el dengue. Señora, señor, no pierda esta oportunidad de combatir una plaga sin contaminar con aerosoles tóxicos su jardín”. Son todos buenos personajes y habría empatía con la clase media que usa bondi, tren y subte.
Sé que podría funcionar pero mi ego tiene la presión baja. A cierta edad ya entendés que el concepto “tener una idea” está sobrevaloradísimo y que lo verdaderamente difícil es poder concretarla.
Escuchando “Paloma” me acuerdo de otro gran proyecto nunca concretado: el Atlas universal de toda la gente que conocí (como el diccionario de los jugadores que sacó Olé o el Pueblo a Pueblo de Clarín, dos obras monumentales).
En Facebook leo de corrido tres textos hermosos: Ezequiel Martínez recuerda a su padre (Tomás Eloy Martínez), a nueve años de su muerte. Funes relata en tiempo real cómo se las arregla con sus dos hijos (su mujer está de viaje). Y el más conmovedor de todos: Cecilia Fanti recuerda a su madre al tiempo que cursa su embarazo.
Fanti juega con una idea poderosa y vital: “Cuando yo nací ya tenía conmigo todos mis óvulos, entonces hubo un tiempo en que , de alguna forma incorpórea, conceptual e incluso mágica, estuvimos los tres juntos. Mamá, Pedro (así va a llamarse) y yo convivimos de una manera potencial, abstracta, tanto como puede serlo el amor o los lazos familiares en sí mismos”.
Busquen “incorpórea” en el diccionaro y vean si les emociona la definición. Ni Kentukis ni nada: Facebook es la literatura que consumo.
*Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación", de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte acá.