fika vio la luz en noviembre del año pasado y al poco tiempo ambos decidieron desprenderse de lo que venían haciendo para convertir al emprendimiento en su estilo de vida. Ahí fue cuando sumaron a Nicolás Ventura, el tercer socio y la pata del proyecto con más experiencia en el mundo de la coctelería. "Lo que queríamos lograr era que cualquier persona, sepa o no de coctelería, pueda preparar su cóctel y disfrutarlo como si estuviera en el bar, lo que nosotros sentíamos cuando cocinábamos. Trabajamos primero con una sommelier en el desarrollo de las primeras recetas, y también tuvimos la ayuda de una herborista que fue nuestra maestra y nos fue contando todo sobre el mundo de los botánicos", cuenta Federico, que agrega que a pesar de todas esas colaboraciones seguían necesitando a alguien que ya tenga una curva de aprendizaje hecha en el rubro porque si no todo les iba a llevar demasiado tiempo.
No queríamos rock stars, sino a alguien que tenga el conocimiento pero que deje a la persona que se está preparando el cóctel en su casa ser la protagonista; nos juntamos con Nico, congeniamos y acá estamos. Él laburó en gastronomía y se está por recibir de Licenciado en Diseño Industrial. No queríamos rock stars, sino a alguien que tenga el conocimiento pero que deje a la persona que se está preparando el cóctel en su casa ser la protagonista; nos juntamos con Nico, congeniamos y acá estamos. Él laburó en gastronomía y se está por recibir de Licenciado en Diseño Industrial.
Federico Berdeal, socio de fika.
El armado del proyecto duró cerca de 8 meses y según sus fundadores lo más difícil fueron "las restricciones a nivel económico que hay en el país". "El tema de conseguir los materiales que nosotros buscábamos y que nos habilitaran los volúmenes que nosotros necesitábamos al principio fue difícil. Teníamos que dar con un proveedor acá, después convencerlo para que nos venda un lote chico y sumado a eso comprar muchas cosas que siguen viniendo de afuera, porque no hay mucha producción local", comenta Federico.
van de los $ 170 a los $ 9.400. El más costoso de todos viene con un mazo de naipes con 36 recetas y una bitácora para registrar los experimentos, 12 botánicos y 5 herramientas. Sirve para hacer de 50 a 60 tragos con gin, ron, vodka, vermúes, whiskys y bitters. También lanzaron kits para bebidas en particular con 6 botánicos, 2 herramientas y un código QR con un recetario digital cada una.
A ello sumaron infusiones para gin tonic que son como saquitos de té y saborizan las preparaciones (las opciones son las mezclas floral, especiada o herbal). Para que surtan efecto hay que dejarlos reposar durante unos minutos en el trago ya armado. "Los botánicos son caros, difíciles de conseguir y llevan un proceso de selección completa; por eso muchos no aceptan tanto el precio. Los blends son distintos. Se mezclan con otras cosas y son más fáciles de usar", aclara.
A cerca de un año de su creación y después de invertir unos $250.000, fika ya alcanzó una facturación promedio mensual de más de $ 100.000 -con valles y picos en épocas como las del Día de la Madre, el Día del Padre y Navidad.
, el objetivo es que sus kits sea cien por ciento hechos en Argentina. Además, según adelanta Federico, también están buscando experimentar con cócteles sin alcohol. "Somos enfermos de la creación, aunque entendemos que hay que darle un tiempo al mercado para ver si adopta un producto o no. Armamos una guía de tragos con y sin alcohol y en el 2020 es ahí donde nos queremos meter. En el pack especiado ya hay una versión de un frappucino".
Además de vender kits, los emprendedores también organizan experiencias, un segmento al que bautizaron Sensory Lab. En esos encuentros, son ellos mismos quienes le enseñan a su comunidad cómo armar un trago, acompañados según la ocasión por chefs, artistas o músicos.