“Quisiera no decir adiós

Gilda, en la tapa de su álbum más recordado: Corazón Valiente (Foto: archivo).
“Quisiera no decir adiós
Pero debo marcharme
No llores, por favor no llores
Porque vas a matarme”
Las crónicas de entonces marcan que la lluvia que caía aquella madrugada del 7 de noviembre de 1996 fue uno de los agravantes del accidente que detonó la tragedia. Myriam Alejandra Bianchi Scioli, “Gilda”, se trasladaba en micro junto a parte de su familia y a la banda que la acompañaba en cada show.
A la altura del kilómetro 129 de la ruta 12, conocida como la "ruta de la muerte", en cercanías de la localidad entrerriana de Ceibas, un camión proveniente de Brasil, embistió al micro en el que viajaba la artista. Mientras algunos testigos señalan que el chofer del vehículo mordió la banquina y se cruzó de carril al intentar volver al camino, otros afirman que el choque se produjo cuando el chofer intentó superar a otro camión. Cualquiera haya sido la razón, el violento impacto terminó con la vida de Gilda, de su hija Mariel, su madre Tita, tres de sus músicos y el conductor del micro. Fabricio, su hijo menor, logró sobrevivir.
“No pienses que voy a dejarte
No es mi despedida
Una pausa en nuestra vida
Un silencio entre tú y yo”
Gilda nació el 11 de octubre de 1961 en el barrio porteño de Villa Devoto. Luego de cursar el profesorado de educación física, que debió interrumpir por la muerte de su padre, posteriormente siguió los estudios de profesorado de educación inicial, lo que la llevó a trabajar como maestra jardinera hasta 1992, cuando decidió darle un giro a su vida y dedicarse a la música.
Por entonces, ya estaba casada con Raúl Cagnin, con quien tuvo a Mariel y Fabricio. La decisión de incursionar en un género como la música tropical fue uno de los detonantes que influyó en la ruptura de la pareja, que quedó plasmada en la canción "No me arrepiento de este amor". Según distintas versiones, Gilda nunca pudo olvidarse del todo de esa relación, aunque otras voces sostienen que poco antes del fatal accidente ella estaba conociendo "al amor de su vida", un nombre que nunca salió del anonimato.
“Recuérdame en cada momento
Porque estaré contigo
No pienses que voy a dejarte
Porque estarás conmigo”
Si bien Juan Carlos "Toti" Giménez, músico y quien supo presentarse como su pareja (una historia aún hoy llena de contradicciones) es un personaje clave dentro de la carrera de Gilda, el verdadero impulso llegó de la mano del productor peruano José “Cholo” Olaya. Manager de bandas como el grupo Trinidad o el Sexteto Imperial, Olaya fue el responsable de rebautizar el apodo de “Shyl” con el que se conocía entonces a Miriam por “Gilda”. La escena, con matices, quedó retratada en la película protagonizada por Natalia Oreiro.
“Me propuse tener una chica, una mujer que haga cumbia, una cumbiambera. Cuando la vi, me quedé impresionado por lo físico, pero no porque tuviera busto o trasero, sino porque encarnaba una mezcla popular y la de alguien que podía acercarse al público de clase media”, recordó Olaya, quien no se mostró feliz con la manera en la que fue representado en la película.
“Me llevo tu sonrisa tibia
Tu mirada errante
Desde ahora en adelante
Vivirás dentro de mí”
Corazón Valiente es probablemente su trabajo más recordado. Producido en 1995, le valió alzarse con el disco de oro. De todos modos, para esa altura sus hits ya se multiplicaban: Fuiste; Se me ha perdido un corazón; Paisaje; No te quedes afuera y Un amor verdadero, son solo algunos de los clásicos que perduran hasta la actualidad y se escuchan incansablemente.
No obstante, como también señaló el Cholo Olaya, el gran mérito de Gilda no fue únicamente componer tantos hits, sino más bien imponerse en un ambiente machista, y en una época en el que en la movida tropical solo se destacaban mujeres como Lía Crucet y Gladys, “la bomba tucumana”, que presentaban un estereotipo opuesto a la figura casi angelical que ostentaba Gilda.
“Yo por ti volveré
Tú por mí, espérame
Te pido, yo por ti volveré
Tú por mí, espérame
No me olvides”
El boom logrado en Argentina posibilitó que Gilda llevara su música a Perú y Bolivia. Para ese momento, la fama de “santa” comenzaba a crecer casi a la par de sus hits, lo que hacía que sus fans la buscaran para que los bendiga o simplemente les toque la cabeza, una creencia de la que Gilda rehuía.
Sin embargo, es en Bolivia donde de algún modo nace la historia que convierte a Gilda en una figura sagrada. Durante un viaje a ese país, conoció a dos jóvenes, Shomara Clement Calderón y Juanita González Molina, de 15 y 19 años, con las que rápidamente entabló una relación de cariño mutuo, casi como si fuera la madre de ambas.
La despedida, por consiguiente, fue muy triste, algo que quedó plasmado en las cartas que Gilda le envió a Shomara desde Buenos Aires y que el programa Secretos Verdaderos reveló en 2018. En uno de esos mensajes, Gilda le detallaba a la joven los incidentes ocurridos en un baile y un golpe que recibió, lo que la obligó a tomar un descanso en el que se dedicó a escribir canciones.
“Hice una canción que se llama ‘No me olvides’ y la hice pensando en la noche en que nos despedimos”, escribió Gilda en relación con la música cuyas principales estrofas se recuerdan en esta nota y que finalmente fue bautizada como "No es mi despedida". Esta anécdota, aseguran los escépticos, derrumba aquel mito que señala que Gilda había presagiado su muerte en esas líneas.
A 25 años de su muerte, y mientras algunos fans probablemente se acerquen al santuario elevado en el lugar del accidente o al cementerio de Chacarita, donde se encuentra su cuerpo, el álbum Por Siempre Gilda se lanzará este martes 7 de septiembre en las distintas plataformas a modo de homenaje. Allí, bajo la dirección musical de Lito Vitale, artistas como Soledad Pastorutti, Natalie Pérez, Chita y Rocío Igarzábal le ponen la voz y reeditan algunas de sus mejores canciones, esas que aún hoy hacen bailar a nostálgicos y a generaciones que tal vez poco conocen de la historia de una mujer que marcó para siempre la música popular argentina.