“Hola, te esperamos mañana a las 11:00 hs para que puedas presenciar la quema de droga en Ezeiza”. El mensaje llegó por Instagram, luego de la publicación que había hecho desde la cuenta oficial el Ministerio de Seguridad.

“Hola, te esperamos mañana a las 11:00 hs para que puedas presenciar la quema de droga en Ezeiza”. El mensaje llegó por Instagram, luego de la publicación que había hecho desde la cuenta oficial el Ministerio de Seguridad.
“¿Querés presenciar una quema de drogas? El próximo martes 30 a las 13 horas vamos a llevar a cabo una incineración de drogas en la localidad de Ezeiza. Escribinos por mensaje privado”.
Eso hice y ahora estoy frente a un enorme horno que se usa para quemar basura, junto a la ministra Patricia Bullrich. “¿Estás listo? Vamos?”, me dice. Tenemos un ladrillo de marihuana en la mano cada uno y como si fuera un tejo, lo tiramos al fuego.
El de la ministra va directo a la llama –"Pato" ya había estado tirando con otros participantes de la quema, en la jerga interna del acto somos "los civiles"-, el mío queda en una especie de bandeja, antes del fuego propiamente dicho. Pedimos dos ladrillos más. El de Bullrich vuelve a caer perfecto y yo logro la carambola: mi segundo ladrillo empuja al primero y van los dos al fuego.
Quedan varias horas de trabajo: hay que quemar 5 mil kilos de marihuana, 500 kilos de cocaína y unos frasquitos de ketamina. Tengo anteojos, guantes y un barbijo para protegerme de la eventual fumata. Quizás esté equivocado, pero después de mi lanzamiento no tengo ni la más remota sensación de victoria.
Llegamos al predio: es un lugar en donde se incinera basura y unos policías nos piden el documento. Apenas un control de rutina. "¿Ustedes son los que se anotaron en las redes?", nos pregunta una chica del ministerio. Digo que sí y digo que soy periodista de A24.com, pero ese no parece ser un problema.
“¿Esto es habitual?”, me pregunta un rato después una corresponsal del diario español El Mundo. Me cuenta que llegó hace tres semanas a la Argentina y está desesperada buscando quiénes son "los civiles" que se anotaron para participar de la quema. No hay mucha oferta: está Santi, un actor y guionista que publica videos en redes (en @santikorovsky) y una señora rubia que parece fan de la ministra Bullrich.
Con Juan, otro periodista que se anotó de incógnito para participar de la quema, intentamos explicarle a la colega quién es Bullrich. La nuestra es una explicación errática, que arranca en Montoneros, deambula por el Congreso y los años del kirchnerismo y llega a este presente, que la encuentra como pilar de la política contra las drogas.
Una explicación más para tratar de entender: le decimos que Macri, al asumir, puso a la lucha contra el narcotráfico como uno de sus pilares, además de la “pobreza cero” y “unir a los argentinos”.
Algo que sí podría comprobar la colega es que en Twitter (@minseg), la mayoría de las actividades que muestra la cuenta del Ministerio de Seguridad están relacionadas con la droga.
Esta es apenas una muestra: todos estos tuits fueron publicados esta semana, apenas intercaladas con otra información que podría ser útil para los ciudadanos, como el tema de la nueva norma para registrar los teléfonos celulares con línea prepaga.
La ceremonia empezó con palabras protocolares sobre derrotar al narcotráfico y felicitaciones a las fuerzas de seguridad que participaron de los operativos (Policía Federal, Gendarmería, Prefectura y Policía de Seguridad Aeroportuaria).
Durante la presentación, la ministra Bullrich se refirió al tema: "Nosotros estamos en un programa que se llama stock cero-. Queremos tener cero stock de drogas, pero para lograr eso como todos los días hay secuestros de drogas, siempre tenemos nueva droga para quemar".
Pero más allá de los procedimientos y de la eficacia de la política antidrogas del ministerio, lo más raro fue esta convocatoria para que la gente común y corriente ("los civiles") participen de este hecho, un miércoles lluvioso en horario laboral, cerca del predio que la AFA posee en Ezeiza (una frase que siempre quise incluir en un texto). Le preguntamos a la ministra sobre el tema.
¿Van a hacer alguna quema en un lugar más accesible?
Hemos hechos en ciudad de Buenos Aires, en el cementerio de la Chacharita. Hay muchas familias en el lugar, no es un lugar muy adecuado. Lo hacemos mucho en el norte, en Corrientes, en Formosa. Hay que tener condiciones adecuadas para hacerlo, no en todos lados hay hornos preparados.
¿Cuál es la idea de que venga la gente?
Es una pregunta recurrente en las redes sociales. Qué se hace con la droga una vez que se secuestra. Para nosotros es ampliar el horizonte, tener una conversación en las redes sobre le tema. Ampliar el horizonte de credibilidad.
Pero algunos se lo tomaron en broma. Y no vino casi nadie espontáneamente.
Para nosotros no es broma, es algo muy serio quemar droga. Para nosotros es positivo.
Hoy casi no hubo repercusiones, pero la semana pasada el tema había explotado en redes sociales (otra frase que siempre soñé incluir).
Más allá de los chistes, voy a hacer de cuentas que les cuento esta experiencia a mis amigos y responderé las preguntas que creo que me harían.
¿Hay olor a marihuana?
Si te acercas a los panes, sí. Si te acercás a la boca del horno, donde tirás los panes, también. Por eso se usan los barbijos. Pero en el predio, durante la quema, no. El olor que se siente más fuerte es el de los envoltorios plásticos, como cuando se quema la bolsa del carbón.
¿Lo que se quema es de buena calidad?
No parecía, más bien es prensado “paraguayo”, muy seco, viejísimo.
¿Hay chances de que “desaparezca” un pan?
Ni remotamente. En un momento me acerqué a los panes de marihuana. Bien cerca, para tomar una foto. “No te acerques demasiado, los muchachos se ponen nerviosos”, me dijo un asistente del Ministerio de Seguridad.
"Los muchachos" tienen un ametralladora gigantesca y cara de no entender ni remotamente qué hacemos instagrameando panes de marihuana. La verdad que nosotros tampoco. Pero incluso si alguien pudiera hacerlo, al final del evento dos oficiales nos revisaron para ver si tuvimos la astucia suficiente.
Volvimos en mi auto con el colega Juan, con Santi ("no me digas instagramer, parezco un boludo si me llamás así", me dijo) y la colega española. A la vuelta, no conversamos demasiado de lo que habíamos visto, sobre todo porque ellos tres volvieron hipnotizados mirando sus celulares. Yo puse la radio y no sé si llegaron a darse cuenta de que en la radio sonaba "Cocaine".