Al rato comenzamos a notar con todos los compañeros y la producción que estaba demasiado decaído, débil para hablar. Comenzamos a intervenir entre todos durante el programa, a dar más información, a dialogar entre nosotros para liberarlo del esfuerzo. Mauro dejaba que habláramos, pero no confesaba su malestar, convencido de que era pasajero.
Todos estábamos convencidos de que era por la vacuna. Pero Mauro no se iba a retirar del programa por nada del mundo. Nos enteramos del positivo de Covid el sábado casi al mediodía.
Más allá de lo profesional, siempre me llamó la atención, y me cautivó, que Mauro era un defensor como pocos de la familia, un protector y un hombre afectuoso, querendón y querible.
Cuando yo trabajaba en el periodismo gráfico, en el diario La Nación, una mañana me sonó el teléfono celular. Ocurrió hace unos 20 años. Y me dijo: “Mariano, soy Mauro Viale ¿cómo estás? ¿Podrías salir en el programa de Jonatan en Radio Rivadavia este sábado?”. Me hizo sentir que era importante para él: tenía esa humildad.
No nos conocíamos hasta ese momento. Pero ahí nomás comenzamos a hablar de información política y advertí que a ambos nos apasionaba la búsqueda de la información real de la política. Sentí un fuerte orgullo por su llamado y me impresionó mucho que él, siendo la figura que era, le producía el programa a Jony, su hijo, y llamaba personalmente a un entrevistado. Por lo general, los periodistas delegamos esos llamados en un productor periodístico.
Pero Mauro me lo pidió como un gesto personal. Sentí un compromiso inmediato con él. Jonatan recién estaba empezando sus primeras armas en el periodismo. Años después conocí personalmente a Jony en Intratables y comprobé su calidad humana y profesional: comprendí que “de tal palo tal astilla”.
Mauro además fue un maestro, siempre dispuesto a brindar sus conocimientos a los que recién llegábamos al periodismo televisivo. Siempre generoso, exigente, una máquina de laburar.
Se aprendía mucho de él. Periodismo puro. Siempre era un agradecido por cada nota a sus entrevistados, cordial y afable, pero riguroso y discutidor. Mi admiración por Mauro había comenzado cuando yo era un niño y miraba los partidos de fútbol que él relataba. En ese campo también fue un innovador y uno de los maestros que me hizo sentir el gusto por el periodismo. Por eso, haber comenzado este año a trabajar con Mauro para mí tuvo un significado especial, algo así como “el sueño del pibe”.
Luego de aquel llamado, Mauro comenzó a convocarme a través de sus productores, Flor y Alexis, a sus programas de televisión y de radio para analizar juntos la actualidad política y siempre me hizo sentir muy cómodo en cada entrevista.
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Día del padre de 2020: una charla sorpresa entre Obarrio, su papá, Franklin, y Mauro Viale.
Una vez en plena pandemia en 2020, para el Día del Padre, Mauro nos sorprendió a muchos periodistas amigos con entrevistas por zoom en las que repentinamente conectaba a nuestros padres para hacer un diálogo sorpresivo entre los tres. Mauro trató a mi padre, Franklin Obarrio, como si lo conociera de toda la vida y el diálogo fue muy rico y afectuoso, con ocurrencias que solo podían surgir de su creatividad y de su cariño por la relación entre un padre y un hijo.
Por esas casualidades, también fui invitado por su producción para reemplazar a una columnista en un programa del año pasado. Antes del aire surgió la noticia de la muerte de Diego Armando Maradona. Mauro estaba muy afectado por la partida del astro de quien se consideraba también muy amigo.
“Para mí no se murió”, decía y repetía durante el programa. Se fue mucho más que un periodista, se fue un gran hombre, al que vamos a extrañar. Mejor dicho, no se fue. Mauro siempre estará. Para mí no se murió.