No sólo me sacaron del paro, sino que justo pasaba en ese instante una ambulancia vecinal por la autopista que tenía las dos cosas que yo necesitaba para sobrevivir: cortisona y oxígeno. Entre el doctor Brunassi y los camilleros, me llevaron a San Lorenzo y luego a Baigorria, al Hospital Eva Perón. Y allí, durante 8 días, me fueron sacando. Santa Fe, muchas gracias, les debo la vida. No sólo me sacaron del paro, sino que justo pasaba en ese instante una ambulancia vecinal por la autopista que tenía las dos cosas que yo necesitaba para sobrevivir: cortisona y oxígeno. Entre el doctor Brunassi y los camilleros, me llevaron a San Lorenzo y luego a Baigorria, al Hospital Eva Perón. Y allí, durante 8 días, me fueron sacando. Santa Fe, muchas gracias, les debo la vida.
Es un milagro. Hubo una combinación de hechos que hace que yo esté acá. Yo soy agnóstico, pero cuando pasan estas cosas uno a veces piensa que los milagros existen, que hay mensajes…Porque después de lo que sucedió en la ruta, se tomaron decisiones muy difíciles. Los médicos hicieron todo impecable. El intubamiento es algo muy crítico. Es un milagro. Hubo una combinación de hechos que hace que yo esté acá. Yo soy agnóstico, pero cuando pasan estas cosas uno a veces piensa que los milagros existen, que hay mensajes…Porque después de lo que sucedió en la ruta, se tomaron decisiones muy difíciles. Los médicos hicieron todo impecable. El intubamiento es algo muy crítico.
Estoy perfecto. Mi cerebro y mis pulmones funcionan bien. Salgo, camino, todavía no estoy para correr una maratón, pero sí la media. Estoy perfecto, es un milagro. Se combinó la más absoluta mala fortuna a este hecho en donde hay seres humanos comprometidos, porque el doctor que me salvó no era proctólogo ni pediatra… Era un rescatista que había trabajado en Rafaela mucho tiempo haciendo ese trabajo y lo hizo impecable. Me vio cuando me caí y en 15 segundos estaba arriba mío haciéndome las maniobras necesarias para salvarme la vida. Estoy perfecto. Mi cerebro y mis pulmones funcionan bien. Salgo, camino, todavía no estoy para correr una maratón, pero sí la media. Estoy perfecto, es un milagro. Se combinó la más absoluta mala fortuna a este hecho en donde hay seres humanos comprometidos, porque el doctor que me salvó no era proctólogo ni pediatra… Era un rescatista que había trabajado en Rafaela mucho tiempo haciendo ese trabajo y lo hizo impecable. Me vio cuando me caí y en 15 segundos estaba arriba mío haciéndome las maniobras necesarias para salvarme la vida.
Yo no creía en Dios, pero ahora estoy conversando con él. Si existe, le estoy infinitamente agradecido. Yo no creía en Dios, pero ahora estoy conversando con él. Si existe, le estoy infinitamente agradecido.