Esa charla fue en un diciembre. Su padre falleció en octubre del año siguiente. De repente, cuando se enfermó y decidió buscar un trabajo fijo para salir del mundo de bienes raíces, le llegó la oportunidad de trabajar con la planta.
"Cuando conocí a la gente de iCAN (Israel Cannabis), enseguida pensé que me iba a meter en este mercado porque toda la vida me había llamado la atención". Hoy es director de ventas de la empresa.
Con la habilidad docente que adquirió estudiando para ser rabino, Eli explica que, hasta hace unos años, Israel era el único país con estudios sobre los efectos del cannabis en el ser humano y, actualmente, es la capital de investigación de cannabis en el mundo.
Hay 40 mil pacientes de distintas patologías registrados y en tratamiento. "El estrés postraumático de los soldados se cura con THC", afirma convencido.
En adolescentes con tendencia a problemas psiquiátricos se comprobó que puede acelerarlos, por lo cual se recomienda limitar su uso a los mayores de 21 años, "siempre bajo control y supervisión médica".
iCAN se creó hace cinco años para capacitar a la gente acerca de la innovación en cannabis y para que los científicos puedan relacionarse con los agricultores y financistas, no sólo para tratamiento medicinal sino para todos los derivados (desde cerveza hasta agua o gotas para los ojos).
Según su opinión, hay más gente tratando de mantener el estigma sobre la planta que de acabar con él.
Pero, en Israel, no hay miedo en investigar tecnologías nuevas, en su carácter de “start up nation ”. Es uno de los pocos países donde el gobierno da acceso al cannabis para la investigación, teniendo en cuenta que el enfoque del gobierno israelí es medicinal. El uso recreativo todavía es ilegal.
"Para la religión judía, es una obligación que uno se cuide. Entonces, si hay una medicina que a uno le va a ayudar a vivir mejor y poder cuidarse, es una obligación que uno lo tome. No hay ningún problema en la religión si uno está tomando cannabis por temas medicinales". "Para la religión judía, es una obligación que uno se cuide. Entonces, si hay una medicina que a uno le va a ayudar a vivir mejor y poder cuidarse, es una obligación que uno lo tome. No hay ningún problema en la religión si uno está tomando cannabis por temas medicinales".
El rabino promotor del cannabis medicinal terminó su peculiar prédica, se calzó la campera de cuero, se puso el casco sobre la kipá , subió a su moto y se fue a seguir aplicando su vocación docente en esta cruzada por sanar y no estigmatizar.
En su casa lo esperan su mujer, su hijo de 7, una hija de 6, uno de 3 y, "si Dios quiere, tenemos uno en camino", dice. Parte del futuro que busca que se abra a este camino alternativo por el bienestar.