* Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación", de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte acá.

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Lunes
Lo de siempre, bajo del subte en Dorrego y camino hasta el laburo las ocho cuadras diarias en las que ordeno un poco la semana (o algo así). Entre otras cosas, me propongo escribir con constancia y dedicación. No pasará. Lo sabía el mismo lunes y lo confirmo hoy viernes, mientras tipeo estas primeras líneas.
En una vereda se acumulan pallets de madera y un cartel me llama la atención: “Recolección programada”.
Los lunes llegás al laburo y te enteras quién volvió de las vacaciones y a quién le toca descansar. Hoy, por ejemplo, volvió Nachito, joven promesa de A24, nacido a mediados de los 90. El es mi fuente de consulta sobre el trap, fenómeno que consumo de un modo indirecto: casi no escucho a los artistas pero sigo a la mayoría de ellos en Instagram.
Al que más consumo es al Duki, que ya fue tapa de Rolling Stone y es millonario en clicks en YouTube. Siento fascinación y al mismo tiempo rechazo por ese mundo que muestra en Instagram, un mundo impostado, falso de lenguaje y de imagen.
Se filman fumando porros del tamaño de un meñique y me acuerdo de las palabras de un amigo psicólogo, sobre el cliché de las fotos de los fumadores como un refuerzo de su seguridad y autoestima (no recuerdo el concepto exacto, sino que amoldo ese recuerdo para esta argumentación). Yo también estoy un poco falso de lenguaje y argumentación.
“El que tenés que ver ahora es el Malajunta Malandro”, suelta Nachito. De inmediato, me pasa algunos links y sus versos me parecen fascinantes. El Malajunta se define como el “joven Sandro”, canta un trap meloso y algo más auténtico, cercano a la primera versión del Pity Alvarez.
“Capturo un envase y vamos de paseo
No hay música ambiente ni bar
Ni tampoco birra artesanal
Pero hay un quiosco que hay Brahma polar
Y te pongo unos temas acá en el celular!
Hay que entrevistar a este pibe, le digo a Nachi. Mando un mail a su productora: los primeros 15 minutos de entusiasmo en la producción de una nota siempre son fascinantes. Después siempre empeora todo.
Martes
Mail de la productora: ¿Te interesa hacer una entrevista telefónica? No le respondo.
Los pallets siguen sobre la vereda de Carranza. Intuyo que nada va a funcionar.
Miércoles
Sol toma un avión casi a la madrugada. La escucho irse y pienso en los días que se avecinan, sin su contención. Casi por reflejo, la casa empieza a derrumbarse: se rompe el lavarropas, un vidrio del living estalla. Tengo que ocuparme de estas cosas antes de que ella vuelva.
Desayunamos con Benito en el Mercado de San Telmo, yo salgo de mi casa con una remera de Oasis y cuando llego está sonando Oasis en el café. Siento una satisfacción absurda, nadie repara en la cuestión.
El dueño del café habla en italiano cuando pasan italianos, o en francés cuando pasan franceses. Es estricto con sus empleados, bordeando el maltrato. Alguna vez me contó que se dedicaba al periodismo pero se aburrió. En ese momento, lo subestimé muchísimo. Con el tiempo descubrí que es José Vales, un prestigiosísimo corresponsal, ganador del premio María Moors Cabot (una suerte de Oscar para los periodistas).
A veces quisiera conversar con él sobre la profesión, pero parece no necesitarlo: solo es un adicto a conseguir clientes.
Un músico callejero pide que bajen la música y se pone a tocar unos temas de Piazzolla con el bandoneón: la máquina de la nostalgia pone primera. Me gustaría leer una biografía de Piazzolla. Le pregunto a Pavax si conoce alguna y me devuelve mucha información. Me quedo con algo: “Era un genio pero también muy inseguro. Hoy se estaría peleando en Twitter contra cualquier insignificante”.
Se me ocurre un título para el newsletter de esta semana: “Corazón de Kouign Amann”. En el momento me pareció bueno pero ahora, mientras escribo, se me hace difícil explicarlo. Creo que ya lo dije alguna vez: hay que darle tiempo a las cosas que uno quiere decir. A veces no están listas para decir.
Jueves
Tomo birra artesanal con un amigo. Veo un camión enorme que carga y descarga los barriles de cerveza y mientras converso me acuerdo del Malajunta y su Brahma polar. Me pregunto si las cosas volverán a ser como antes.
A la noche, nos cruzamos con Porcel Jr. Creo que nos reímos de él y me da culpa.
Viernes
Camino por un shopping vacío, no hay clientes, casi no hacen falta empleados. Compro pañales, bidones de agua, algunas Coca Light, carne y una bolsa de carbón. Prendo un fuego para recibir a Sol. Comemos tarde, le cuento de los vidrios rotos.
Intuyo que los pallets deben seguir ahí.