Tuvo cáncer de pulmón, casi pierde un brazo en el Aconcagua y nada lo para: ya piensa en el próximo maratón
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Tuvo cáncer de pulmón, casi pierde un brazo en el Aconcagua y nada lo para: ya piensa en el próximo maratón

Peter Czanyo (61) está acostumbrado al dolor. Sabe lo que es correr ultramaratones de 100 kilómetros y carreras de aventura, en donde la cabeza y el cuerpo negocian todo el tiempo un nuevo límite. Sabe también los efectos y los riesgos del Mal de alturas, ya estuvo en el Aconcagua y conoce perfectamente que la combinación entre falta de oxígeno y el frío bajo cero puede ser fatal.

Peter conoce su cuerpo y dice basta: el dolor en el brazo le resulta insoportable, no puede moverlo, lo tienen que ayudar a ponerse la campera. Dos pares de guantes no son suficientes contra el frío. Está en el campamento Cólera, a 6 mil metros de altura, pero decide que en esas condiciones no podrá hacer cumbre en el Aconcagua.

Vuelve a Buenos Aires, orgulloso de lo que logró, pero el brazo le sigue doliendo. Un par de exámenes no alcanzan a dar con el diagnóstico. Hasta que un médico clínico le ordena un último estudio. Le detectan una trombosis en el brazo izquierdo, le dicen que lo tienen que operar urgente. Es eso o la amputación del brazo. Peter ya sabe de operaciones.   

Es imposible contar esta historia sin poner como punto de partida el año 2003. O, mejor dicho, todo lo que pasó en la vida del protagonista hasta ese año. Ahí fue cuando le detectaron un cáncer de pulmón, algo esperable teniendo en cuenta su adicción al cigarrillo -fumó durante 30 años un paquete por día- y su vida sedentaria. Lo operaron y le sacaron más de medio pulmón izquierdo.

Y empezó otra vida. Su capacidad pulmonar se redujo un 60% pero paradójicamente se acercó a la meditación y al deporte. Desde entonces, Peter corrió el maratón de Berlín en 2015 y el de Chicago en 2016. Y participó en el Cruce de los Andes cuatro veces.

"Mi vida cambió para siempre, entendí que no se podía vivir con miedo. Recuerdo cuando trote por primera vez 250 metros y lloré de felicidad. Imagínate lo que sentí cuando corrí un maratón", le dice Peter a A24.com

¿Cómo fue esta aventura en el Aconcagua? ¿Cómo te diste cuenta de que algo andaba mal?

Venía bien, pero en el campamento Cólera, a casi seis mil metros, sentí que tenía el brazo congelado, no lo podía mover. No podía sacar la bolsa de dormir ni me podía cerrar la campera. Y en Plaza de Mulas (a 4.300 metros), no lograba entrar en calor. Me bajaron en helicóptero y volví a Buenos Aires. Ahí empecé a deambular por los médicos.

¿Qué te decían?

Hasta los médicos estaban sorprendidos. No entendían cómo había aguantado. ¿Cómo hiciste para bajar? ¿Como no perdiste mínimo tu brazo? La montaña me lo permitió. No tengo duda de eso

¿Vas a intentar volver?

Ya está. Hoy diría que no.... pero hay muchas otras aventuras que esperan. Me voy a hacer un tatuaje del Aconcagua en la pierna izquierda.

¿Y cómo estás ahora?

Tengo el dedo gordo del pie necrosado. Pero en Mayo empiezo suave a entrenar...

¿Cuál es el próximo desafío?

Estas cosas tienen un componente espiritual muy fuerte. Ya no hay que preguntarse porque me pasó, sino para qué me ocurrió.
En febrero salí sorteado para en el maratón de New York que se corre el 4 de noviembre. Veremos... Que decida la vida si debo estar en esa largada.