Y empezó otra vida. Su capacidad pulmonar se redujo un 60% pero paradójicamente se acercó a la meditación y al deporte. Desde entonces, Peter corrió el maratón de Berlín en 2015 y el de Chicago en 2016. Y participó en el Cruce de los Andes cuatro veces.
"Mi vida cambió para siempre, entendí que no se podía vivir con miedo. Recuerdo cuando trote por primera vez 250 metros y lloré de felicidad. Imagínate lo que sentí cuando corrí un maratón", le dice Peter a A24.com
¿Cómo fue esta aventura en el Aconcagua? ¿Cómo te diste cuenta de que algo andaba mal?
Venía bien, pero en el campamento Cólera, a casi seis mil metros, sentí que tenía el brazo congelado, no lo podía mover. No podía sacar la bolsa de dormir ni me podía cerrar la campera. Y en Plaza de Mulas (a 4.300 metros), no lograba entrar en calor. Me bajaron en helicóptero y volví a Buenos Aires. Ahí empecé a deambular por los médicos.
¿Qué te decían?
Hasta los médicos estaban sorprendidos. No entendían cómo había aguantado. ¿Cómo hiciste para bajar? ¿Como no perdiste mínimo tu brazo? La montaña me lo permitió. No tengo duda de eso
¿Vas a intentar volver?
Ya está. Hoy diría que no.... pero hay muchas otras aventuras que esperan. Me voy a hacer un tatuaje del Aconcagua en la pierna izquierda.
¿Y cómo estás ahora?
Tengo el dedo gordo del pie necrosado. Pero en Mayo empiezo suave a entrenar...
¿Cuál es el próximo desafío?
Estas cosas tienen un componente espiritual muy fuerte. Ya no hay que preguntarse porque me pasó, sino para qué me ocurrió.
En febrero salí sorteado para en el maratón de New York que se corre el 4 de noviembre. Veremos... Que decida la vida si debo estar en esa largada.