Lo mejor es que la experiencia no termina en la comida. La ambientación completa el concepto ingeniado para el lugar. En la entrada, donde están los canteros de verduras y finas hierbas, se destaca un mural de Bernardo Ezcurra. El artista fue el principal impulsor de la remodelación de esta casona que se convirtió en este restaurante de autor. Además, durante la época de frío se encienden los braseros de 20 kg de quebracho para disfrutar también del aire libre. Si se decide salir, gentilmente entregan ruanas de lana tejidas a mano.
Para completar este deleite que estimula los sentidos, se ofrece un maridaje especial a cargo de la sommelier Camila Lapido, quien realiza una exclusiva selección de vinos de la cava que montaron al fondo del local. Este espacio invita a la experimentación y aprendizaje y por ello realizan catas a ciegas y maridajes.
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Uno de los platos del restaurante