Respecto a las fuerzas vivas que componen el eslabón agrícola y el eslabón, que lo asiste y provee de servicios e insumos, el cuadro de compromiso con los intereses de la nación es más positivo. Podría decirse que el campo tiene una visión más estratégica, en general.
Con justa razón, el sector agropecuario ha reaccionado contra la campaña viral que fustiga el uso de agroquímicos y la forma de producción mediante argumentos erróneos, sin base científica alguna.
Qué intereses se esconden detrás de esta campaña de miedo e inseguridad sobre los alimentos y la ecología. El golpe al sector es contra, justamente, uno de los más responsables del mundo en términos de sustentabilidad como lo demuestra la tecnología de siembra directa donde la Argentina es líder global.
Se ha hecho mucho y todavía resta más por realizar. No cabe duda que nuestro país y el mundo en general necesitan un paradigma de desarrollo agrícola que incentive formas de agricultura más duraderas, más ecológicas, más favorables a la biodiversidad. Pero que se haya realizado una campaña de desprestigio, dirigida al campo argentino, sin fundamento es una acción similar a escupir al cielo. La ingratitud es muy cara. Y se paga con el tiempo.
Asentada sobre una base industrial enfocada en la atención de necesidades domésticas e ingreso de divisas por exportaciones, el agro está sometido a controles de precios, medidas proteccionistas y altas tasas de impuestos, que actúan como depresores de la inversión. Con irresponsable orgullo y en actitud demagógica, el oficialismo proclama “el Estado presente”. Justamente es el Estado el que, a través de su política impositiva y de restricciones a la exportación, dificulta la rotación de cultivos y la incorporación de la ganadería en el esquema agrícola.
Como sobresaliente productor, la responsabilidad que tiene la Argentina con el mundo es gigante. La población mundial llegaría a 9 mil millones de personas en 2050. Ello implica que cada año serán necesarios mil millones de toneladas de cereales y 200 millones de toneladas de carne suplementarias para cumplir con la demanda global.
Es curiosa esta acción de desprestigio, justamente cuando el trigo está en plena cosecha. El volumen estimado es realmente destacable. La actual sería la mejor cosecha de trigo de la historia con cerca de 22 millones de toneladas. Esta cifra permitiría exportar 15 millones de toneladas, más del 65% producido. Varios miles de millones de dólares para el sector externo, cuando la escasez de divisas reina la economía.
La ingratitud es moneda corriente en nuestro país.
El autor es economista, profesor de Agronegocios de la UCEMA y y Consejero académico de la Fundación Libertad y Progreso