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Lo que los salarios pueden comprar en términos de carne, medido por CREA con datos del IPCVA y el INDEC.
Por eso remarcaron en los fundamentos de ese desplome productivo. Los incentivos a los productores de carnes, al desaparecer, provocaron que se comience con la pérdida de cabezas de ganado, y la consecuente suba de precios las carnicerías por la menor oferta y encarecimiento de la hacienda. El efecto inverso al buscado, y con un stock a la baja.
“De esta manera, entre 2006 y 2011 el stock se redujo en 12 millones de cabezas, y la producción de carne en un 28%. Más aún, a diferencia de las exportaciones, el país todavía no pudo recuperar los niveles de stock y producción de carne, que siguen siendo 11% y 4% inferiores a 2005, respectivamente”, explicaron.
“Como consecuencia de la caída de la producción, en el largo plazo, las restricciones que apuntaban a reducir los precios internos terminaron teniendo un efecto contrario al buscado”, sostuvieron.
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Las antiguas medidas de restricción a la importación tuvieron el resultado inverso a lo esperado.
2012 marcó una recuperación de la relación analizada que se estiró hasta 2014. Después, se observó un nuevo crecimiento entre 2015 y 2018, cuando la tendencia a la baja, impulsada por la caída de los salarios, fue bajando el promedio hasta las cifras de hoy.
Esperando el impacto de la mayor oferta
Desde CREA explicaron que el consumo interno en el país, entre 2018 y 2020, cayó un 15% a pesar de la mayor oferta de carne registrada en ese período. “Eso permite inferir que no se trata de un fenómeno de abastecimiento, sino de una pérdida generalizada del poder adquisitivo”, señalaron. En CREA se apoyan en el dato de que la caída del salario real fue del 14,9% desde 2018.
Pero a la vez, el salario real “en términos de carne”, tuvo una reducción mayor: un 17,8%.