El año pasado con la pandemia hubo dos efectos que castigaron las finanzas públicas. Por un lado, la caída en la recaudación producto de la menor actividad económica consecuencia de las restricciones. Y por el otro, el aumento en el gasto público. En conjunto esto nos llevó a un déficit fiscal primario del 6,5% del PIB, muy superior al 0,7% registrado en 2019.
Pero el 2021 representa una luz en el camino ya que, con el levantamiento paulatino de las restricciones, la recaudación tiene a recuperar el terreno perdido. Desagregando el aporte realizado por cada uno de los principales complejos, se obtiene que el de soja aportó a la recaudación con $353.414 millones, equivalente al 75% del total recaudado por derechos de exportación. Las toneladas declaradas en los primeros seis meses de 2021 se cuadruplicaron para el caso del poroto y se duplicaron para el aceite y la harina. El maíz, con $68.688 millones, representa un 15% del total recaudado por retenciones, mientras que el trigo lo hace con $21.315 millones, equivalente al 5% del total. Sumando el monto proyectado de $378.329 millones para el segundo semestre y los $451.853 millones que se estimaron para la recaudación de derechos de exportación sobre productos agroindustriales en este período del 2021, la recaudación anual por ese concepto ascendería aproximadamente a $830.182 millones.
Una vez más, el “viento de cola” y los precios de los commodities “sanearon” el deterioro fiscal. Pero la mejora de precios no será permanente. El desafío estará, a futuro, en recuperar la competitividad del sector a nivel internacional, ante la pérdida de buenos negocios ante el exterior. Mientras tanto, en la previa electoral, hay señales contradictorias para el sector. No hay certidumbre y la falta de esas certezas hace también que muchos productores se mantengan en la moneda que conocen, que es el grano.
* El autor es profesor de la Universidad del CEMA.