El investigador del Conicet fue claro con el impacto ambiental de la ganadería, a comparación de lo que puedan efectuar otro tipo de industrias y responsabilizó a la publicación por la mala imagen del sector.
“Se le cargan a la ganadería los costos de las emisiones de otros sectores. Si se deforesta y hay más emisiones, tiene la culpa el ganado bovino. Si hay pérdida de suelo, es por sobrepastoreo. Y así llegamos a una cifra en esa publicación en la que se le atribuye al ganado bovino un 18% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero”, indicó.
Sobre esa misma medición, Viglizzo hizo una aclaración crucial. “Cuando uno cambia el método y empieza a revisar, se da cuenta de que esa cifra en realidad es mucho más baja. La misma FAO revisó esos números y los bajó al 14,5%. Pero en realidad yo sigo creyendo que es más baja, porque le han cargado al ganado las emisiones de otro tipo sectores que no son puramente ganaderos: fabricantes de agroquímicos o fertilizantes, el transporte, insumos, etc”.
“Nuestros sistemas son extensivos, en base a pastos, y las tierras en pastoreo tiene un “potencial de secuestro” que tiene una posibilidad de mitigar parte de las emisiones que produce la propia hacienda que está en esos sistemas de producción. Y eso es algo que no se produce en los sistemas de producción intensivos de Europa, por ejemplo. Allí prácticamente se le lleva el grano a la boca del animal”, comparó.
Y precisó: “Por otra parte el metano que produce el animal se forma con una molécula de carbono y esa molécula ha sido capturada por las plantas a través de la fotosíntesis, y el animal consume esa planta y vuelve ese carbono a la atmósfera, reciclándolo y utilizando el mismo carbono que ya formaba parte de la atmósfera. Eso es contrario a lo que sucede con los fósiles: esa industria saca el carbono del subsuelo y lo envía a la atmósfera. Estas cosas son los argumentos consistentes que tiene la ganadería rumiante”.
“El rumiante lo que produce es metano, y ese metano dura unos diez años en la atmósfera, contrariamente a lo que pueden emitir los combustibles fósiles, que pueden permanecer hasta mil años en la atmósfera. Entonces, el ciclo de vida de ese metano es muchísimo más corto que el de otros gases de efecto invernadero”, agregó.
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Ernesto Viglizzo cargó contra la campaña impulsada por el ministro Cabandié.
“Comer sin carne no es algo nuevo en el mundo. Todo arrancó alrededor de 2003 con organizaciones ambientalistas. Y ahora parecería que los argentinos, que somos grandes consumidores de carne vacuna, estamos adhiriendo a esto. Pero como ya dijimos, los argumentos que se utilizan de contaminación del ambiente por parte del ganado tiene aristas y tecnicismos que no son fácilmente reconocibles por la gente”, indicó.
Cómo comunicar la ganadería
“Hay que usar mecanismos muy simples de comunicación y entendibles, porque el proceso es muy complejo”, sostuvo Viglizzo en La Red Rural (Radio La Red - AM910).
“El sistema científico argentino es muy heterogéneo. Hay gente que lo hace con una visión objetiva, pero hay gente que no. Muchos de los académicos están cerca de la visión vegana o ambientalista, o del problema que generan las vacas, en un país que vive en parte de las vacas. Así que hay que ver en qué manera las entidades tienen claro este problema lo comunican para la gente”, concluyó Viglizzo.