El maíz, principal ganador de la campaña, posee más competitividad que los demás.
Para los cultivos de invierno el área estimada pasó a 6,6 millones de hectáreas de trigo estimadas, 100.000 más que el reporte anterior debido a las lluvias y las últimas condiciones climáticas favorables.
En el caso de la cebada se llegó a 1,5 millones de hectáreas y un volumen previsto de 4,6 millones de toneladas, 500.000 más que el año anterior.
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Entrando en los cultivos de verano, se proyecta una siembra total de 1,65 millones de hectáreas de girasol, el N.E.A. atravesó una ventana de siembra con complicaciones climáticas pero la siembra continuó gracias a las últimas lluvias. Hay proyectadas 3,5 mill de toneladas, 500.000 más que la campaña anterior.
El gran jugador de la campaña es el maíz, en especial el tardío donde la siembra va de mediados de noviembre en adelante (un 52% del total sembrado). Por octavo año consecutivo hubo una expansión del área estimada a 7,1 millones de hectáreas, es decir, lograr 55 millones de toneladas de producción de grano comercial, otro récord para el cereal versus las 50,5 de la pasada campaña. Hay estimadas 1,7 millones de hectáreas de maíz forrajero que completarían un total de hectáreas en producción de 8,8 millones.
Para el sorgo se proyecta un millón de hectáreas sembradas.
Donde hay ganadores también hay perdedores, y este año parece tocarle a la soja. Se espera una retracción del área, a unas 16,5 millones de hectáreas, la menor superficie de los últimos 15 años, teniendo en cuenta las 16,9 sembradas la última campaña. Igualmente, se calcula un aumento de producción de 2,1%, proyectando en total 44 millones de toneladas.
La Niña viene siendo más leve y se presentan buenas lluvias en regiones puntuales. Este año, hay una mejor distribución del porcentaje de gramíneas (46%) y leguminosas (54%), una rotación más equilibrada y sustentable.
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Variaciones entre la campaña 20-21 y 21-22.
¿Qué se espera para el 2022?
Se proyecta un aumento de producción de un 7,2%, un 3,1% más de consumo doméstico llegando a 76,5 millones de toneladas, una reducción del 3% de las exportaciones, en total u$s 35.577 millones y una caída en la recaudación fiscal de 4,5%. El producto bruto agrícola se estima que bajará a u$s 42.030 millones, un 6,6%, aunque se mantendrá en niveles históricamente elevados.
En el marco internacional, China continúa con buenos niveles de compra. Más que duplicó su participación en el comercio internacional, pasando de comprar algodón y soja a ser además un gran importador de maíz, 26 millones de toneladas totales. Argentina no juega un papel protagónico en estas exportaciones de maíz, pero debe cubrir la demanda que deja de lado EE.UU. y Ucrania por satisfacer a China. Otra incógnita es lo ocurrido entre China y Uruguay donde se habló de un tratado de libre comercio por fuera del Mercosur. Se cree que es una herramienta utilizada por parte del país asiático para acercarse al mercado sudamericano y así, abrir más el abanico de oferentes.
Por último, la mejora en la participación del maíz en las rotaciones, contribuye en la captura de carbono y el aumento del cuidado del recurso suelo, factor clave para la perspectiva de las futuras campañas.
El autor es analista de mercados de AZ Group.