Por Roberto Rojas (*)

Moneda Digital Argentina: el anuncio del ministro de Economía, Sergio Massa, abrió un debate que de momento se produce sin información oficial, asegura el autor. (Foto archivo)
Por Roberto Rojas (*)
Está claro que el anuncio de la Moneda Digital Argentina (MDA) en el debate presidencial, además de reacciones en contra, también llevó la atención sobre implementaciones de nuevas tecnologías ya utilizadas en el sector privado, hacia el sector público.
Por ejemplo, la Reserva Federal de Estados Unidos, desde el año 2018, viene investigando con la Junta de Gobernadores de la FED la posible implementación de la moneda digital, y encontró diversas ventajas en su aplicación como para llevar adelante pruebas, incluso, de pagos internacionales.
Ahora bien, las consideraciones de seguridad para un CBDC (Central Bank Digital Currency) incluyen la prevención de la falsificación, el fraude y el doble gasto. Dada la probable importancia de una CBDC para el sistema financiero de una jurisdicción y la economía en general, otras consideraciones de seguridad incluyen la lucha contra el blanqueo de dinero y la lucha contra la financiación del terrorismo, la protección del consumidor y la estabilidad financiera, todos estos objetivos más que nobles.
Sin embargo, en Argentina, el planteo de la creación de una moneda digital ha llevado a un debate aún sin la publicación de información oficial, bajo supuestos extremos de implementación, ya que nadie ha dicho que sería reemplazo del Peso en circulación, sino que debería ser, según lo que analizamos en la Fundación Blockchain Argentina, un complemento que sirva como reserva de valor.
La moneda tiene por definición tres funciones: unidad de cuenta, método de intercambio y reserva de valor. Nuestra moneda en la actualidad está perdiendo la tercera característica debido a la alta inflación.
El debate recién comienza, pero es claro que nadie planteó un intercambio del circulante por la moneda digital en su totalidad, ni tampoco una forma de paridad que implique un salto devaluatorio del mismo, salvo en el caso de una dolarización completa.
Demás está decir que una dolarización no es la eliminación del Banco Central, sino que, es la adopción del Banco Central de otro país, como elaborador de la política monetaria nacional, un vasallaje similar al que poseían las colonias inglesas.
Una moneda digital emitida por el Banco Central basada en la tecnología blockchain y con la implementación de ledgers distribuidos, eliminaría la posibilidad de dobles pagos y pérdidas de información, así como los riesgos de evasión impositiva que daña no sólo al Estado, sino a los consumidores que cuando realizan el pago no se les descuentan la carga impositiva.
La inviolabilidad de la información, por la trazabilidad de las operaciones con moneda digital, están garantizadas, tanto por la propia tecnología blockchain, como por la Ley 25.326, que se cumple hoy con todos los datos que dejamos cuando utilizamos billeteras virtuales o tarjetas de crédito.
Por último, debemos adoptar las herramientas que las nuevas tecnologías nos ofrecen y corregir las prácticas que no han funcionado.
Es decir, la real llave hacia la confianza en la moneda digital estará dada en la férrea postura de no dejar librada la emisión a la coyuntura del momento.
(*) El autor es economista de la Fundación Blockchain Argentina.